jueves, 20 de marzo de 2008

"We Want Willkie!"


















La Convención Nacional Republicana de 1940 es recordada por las miles de personas que poblaron las gradas del Convention Hall de Philadelphia al grito de "¡Queremos a Willkie!" una y otra vez, hasta que consiguieron lo que querían. Las primarias republicanas de ese año se dispurtaron entre tres hombres: el fiscal del distrito de Manhattan, Thomas Dewey; el Senador Robert Taft, de Ohio; y el Senador Arthur Vandenberg, de Michigan. Ninguno de los tres causó demasiada sensación, y se llegó a la Convención con menos de 300 delegados comprometidos con algún candidato, de un total de 1,000 delegados. Los compromisarios que aún no habían decidido su voto, doblaban a los ya decididos. La incertidumbre era total y la emoción estaba asegurada.

Taft y Vandenberg eran dos aislacionistas convencidos. Temían que el Gobierno de Roosevelt utilizase la crisis internacional para expandir el socialismo en casa. La posición de Dewey era más matizada, sin dejar de ser aislacionista en la practica. La mayoría de la opinión pública norteamericana de aquel tiempo se oponía a mandar tropas al extranjero, aunque comprendían la obligación moral de ayudar a los aliados en todo lo que fuera necesario.

En mayo de 1940 Hitler había invadido Francia y Bélgica, y empezaba a ser una amenaza para todo el continente europeo. El debate sobre la inacción de los Estados Unidos empezaba a cobrar mayor importancia. La idea de una Europa controlada por los nazis empezaba a inquietar, y cada vez más sectores de la sociedad comenzaban a ver las posiciones aislacionistas como una amenaza para la Seguridad Nacional.

Una popular figura dentro del partido parecía más preocupado por Hitler. Se trataba de Wendell Willkie. Este hombre predicaba mayor ayuda para los aliados en su batalla con los nazis. Ex demócrata, era un abogado y hombre de negocios que había ganado cierta reputación por su apasionada defensa de las compañías eléctricas privadas frente a las agencias públicas de la Administración Roosevelt. En 1939 había participado en el popular programa de radio Town Hall para defender los méritos del sector privado en plena era del New Deal. Era un enérgico orador, pero nunca había sido candidato a ningún cargo electo.

El apoyo a su candidatura alternativa había empezado a organizarse con más fuerza apenas dos meses antes de la Convención. Willkie empezó a ser visto como una posibilidad interesante por sectores influyentes dentro del Partido Republicano. Se hizo con el apoyo del The New York Herald Tribune, la voz del establishment republicano en aquella época. También logró el favor de Henry Luce, propietario de las revistas Life y Time. La máquina de propaganda de Luce publicaba un artículo tras otro exponiendo las virtudes de Willkie. Los banqueros de Nueva York, liderados por Thomas Lamont, de JP Morgan, fueron más prudentes pero también favorecían una mayor implicación con los aliados.

El 22 de junio Francia se rendía ante las tropas de Hitler. Ya sólo quedaba Gran Bretaña entre EEUU y la Alemania nazi. Y Willkie era el único candidato potencial republicano que defendía una ayuda sin límites para los británicos. Sólo dos días después, el día 24 de junio, se abría la Convención Republicana en Philadelphia. Ya se habían unido al movimiento pro-willkie el Minneapolis Star, el Minneapolis Tribune, el Des Moines Register, o la revista Look, entre otros.

El Evening Bulletin publicaba una encuesta de Gallup que hablaba de una subida de más de 25 puntos en la popularidad de Willkie entre los republicanos. El fiscal Thomas Dewey, muy popular por haber procesado al mafioso Lucky Luciano, seguía siendo el más deseado, y el favorito para la nominación. Pero no supo responder al creciente sentimiento de solidaridad con los británicos. Opinaba que comprometer una ayuda excesiva a Gran Bretaña supondría irremediablemente entrar en guerra con Alemania. Una actitud insolidaria cada vez más impopular. Dewey sería víctima de los acontecimientos internacionales.

El joven Gobernador Harold Stassen, de Minnesota, el keynote speaker de la Convención, anunció sorpresivamente su apoyo a Willkie, y se convirtió en su manager de campo. Las gradas fueron cubiertas de seguidores de Willkie que aplaudían salvajemente cada vez que el nombre de este era mencionado. El montaje era perfecto. En la primera votación Willkie ya adelantaba al Senador Vandenberg, el tercero de los favoritos: Dewey se hizo con 360 delegados, seguido de Taft con 189, y Willkie con 109. Para alcanzar la nominación se necesitaban 501 delegados. Dewey se quedaba corto.

En la segunda votación, en lugar de ampliar su ventaja, Dewey perdía 22 delegados. Un mal presagio. Taft subía de 189 a 203. Pero el que más avanzaba era Willkie, pasando de 109 a 171. A la mañana siguiente, un nuevo sondeo de Gallup ya señalaba a Willkie como el republicano más popular. Los apoyos de Dewey colapsaban sin remedio. Pero existía un riesgo evidente para Willkie: si Dewey y Taft unían sus fuerzas, tenían la mayoría necesaria. Dewey y Taft eran rivales irreconciliables, pero Willkie podía resultar aún más inaceptable para Taft. En muchos aspectos Willkie seguía siendo un demócrata liberal. Si bien se había opuesto a algunas de las políticas económicas de la administración demócrata, era más liberal que el propio Roosevelt en temas como la raza o los derechos civiles.

Las diferencias se estrechaban. Dewey cayó en desgracia de forma definitiva en la cuarta votación al quedarse con 250 delegados. Willkie se colocaba primero con el apoyo de 306 delegados, y Taft alcanzaba la segunda posición con 254. Dewey y Taft se encontraban ante la última oportunidad de llegar a un acuerdo. Pero las negociaicones fracasaron porque ambos querían ser Presidente. La caída de Dewey a la tercera plaza sería clave en la consolidación de Willkie como nuevo front-runner. Contagiados por los gritos de "¡Queremos a Willkie!", una mayoría de delegados de Dewey desertarían en la quinta votación para unirse al candidato revelación. 429 para Willkie, 377 para Taft.

Muchos delegados indecisos confiaban más en el Senador Taft, alias "Mr. Republican", pero veían en Willkie la sonrisa de un ganador que podía lograr mejores resultados en noviembre. El favor de las delegaciones de Michigan y Pennsylvania sería el objetivo para ambas candidaturas de cara a la sexta votación. Michigan seguía comprometido con el Senador Arthur Vandenberg, y Pennsylvania apoyaba a su Gobernador Arthur James como candidato de compromiso.

Pero no pudieron resistir por más tiempo la presión de la atmósfera que se respiraba en el Convention Hall. En la sexta votación, Michigan anunció que entregaba 35 de sus 38 delegados a Willkie, y Pennsylvania -72 delegados- votó en bloque por él. Otras delegaciones que se mantenían a la espera de ofrecer sus propios candidatos de compromiso, también sucumbieron a la vista de que Willkie ya había rebasado el número de apoyos necesario. Finalmente se hizo con 655 delegados.

Fue así como salió nominado Wendell Willkie, el hombre que sólo cinco días antes había entrado en la Convención con el menor número de delegados comprometidos. El episodio pasaría a la historia como el "milagro de Philadelphia". La clave estuvo en los acontecimientos internacionales, el apoyo de gente importante que ayudó a llenar las galerías de seguidores, y su conocimiento del funcionamiento de las convenciones -había sido delegado en la Convención Demócrata de 1932.

Para seleccionar a su running-mate, Willkie pidió consejo a Joe Martin, presidente de la Convención. Martin le recomendó al Senador Charles McNary, de Oregon. Le pareció bien aunque este hubiera formado parte del grupo de republicanos que habían promovido una declaración en su contra el primer día de Convención. McNary aceptó la oferta por lealtad al partido. Era un ticket extraño porque Willkie y McNary estaban en desacuerdo en la mayoría de los grandes asuntos. El Senador por Oregon era un declarado aislacionista, y apoyaba la gestión pública de la energía eléctrica. Pero ofrecía equilibrio regional y tranquilidad a los que desconfiaban de las conexiones de Willkie con los financieros de la Costa Este.

6 comentarios:

Jordi Coll dijo...

Dewey acabaría siendo candidato en el 44 sacando mejor resultado que Willkie.

sinblancaporelmundo dijo...

Sinceramente, ya está bien:

http://sinblancaporelmundo.wordpress.com/2008/03/19/vosotros-los-vascos-y-los-catalanes-nazionalistas-sois-los-culpables/

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Sí. Y Dewey también sería candidato en el 48, cuando ya era Gobernador de Nueva York, candidato y favorito a ganar en noviembre. Y perdió incomprensiblemente.

La nominación de Willkie fue decisiva. Su significancia histórica es mayor de lo que parece. Contribuyó a preparar a la opinión pública apra la entrada en al guerra. Si los republcianos hubeiran planteado una campaña aislaiconista, después Roosevelt hubiera tenido mayores dificultades para bsucar aopoyos a la entrada en la guerra. De alguna manera la experiencia de Willkie fue una liberación para Roosevelt.

Hace poco se publicó un libro de Philip Roth, Conjura contra América, que especulaba sobre la posibilidad de que de esta Convención hubiera salido nominado un aislacionista con simpatías nazis. Ponía como ejemplo al aviador Charles Lindbergh que entocnes era una celebridad nacional. Presentaba un escenario en el que Lindbergh era elegido como candidato de compromiso y después elegido Presidente. A partir de ahí se desarrolla una historia paralela.

Jordi Coll dijo...

En 1948 es cuando se presentó Thurmond como independiente, ¿no? Un personaje interesante, Thurmond.

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Strom Thurmond sí, como dixiecrat. Ganó en cuatro estados. Y esos estados iban a ser para Truman. Más razones para que ganara Dewey. Dewey era el candidato urbano, Truman y Thurmond eran los rústicos.

Un día hablaré de esa elección.

Cormac Milius dijo...

Conozco el libro de Roth. Fue una época apaapasionante que determinó el eeuu devenir de América y del mundo. Roosevelt fue un zorro increìble, muy difìcil de vencer con todo el poder demócrata de aquellos años, trucos incluídos. Cormac.