jueves, 21 de febrero de 2008

Dukakis-Bentsen: el enfado de Jesse Jackson


















No fue tarea fácil para el Gobernador Michael Dukakis, de Massachusetts, escoger pareja electoral en 1988. Había dado síntomas de fragilidad entre numerosos sectores del electorado demócrata en un larguísimo proceso de primarias que le había impedido asegurar la nominación hasta el mes de junio. Las encuestas lo situaban como favorito para la elección de noviembre, muy por delante del republicano George Bush, gracias a que era una cara nueva y fresca en la escena política nacional. Su atractiva historia de hijo de inmigrantes que había alcanzado el sueño americano acaparaba las páginas de los periódicos aquel verano, y su canción de campaña Coming to America, de Neil Diamond, se convertía en símbolo de una Nación de inmigrantes. Pero Duke era un gigante con pies de barro.

El activista afroamericano Jesse Jackson se había hecho con 1,218 delegados y no tenía ninguna intención de liberarlos para hacer posible una proclamación unánime de Dukakis. Jackson, un hombre que nunca había ocupado un cargo electo, había ganado la gran mayoría de primarias en el Sur, y había sorprendido con inesperados triunfos en plazas industriales como Michigan. Quería tener peso en la plataforma y ambicionaba la Vicepresidencia.

El equipo de Dukakis debía encontrar la manera de rechazar a Jackson como running-mate, sin enfurecer ni a él ni a sus ruidosos seguidores. Durante el mes previo a la Convención, el Gobernador Dukakis se mostró extremadamente amable con él. Consultaba cada decisión con Jackson, le invitaba a la mansión del Gobernador en Boston, y le devolvía visitas a Chicago. El propósito era hacer que Jackson se sintiera parte del mismo equipo, que tuviera la impresión de que Dukakis pensaba otorgarle un importante rol en su Presidencia.

El error estuvo en permitir que el reverendo llegase a pensar que lo estaban considerando seriamente para la Vicepresidencia. No era el caso. Los medios especulaban con la idea pero en la lista de Dukakis nunca estuvo Jesse Jackson. Los dos grandes favoritos del partido eran los Senadores Bill Bradley, de New Jersey, y John Glenn, de Ohio. Antigua estrella del baloncesto y hombre joven, Bradley era una de las caras más reconocibles por el público. Era además un nombre que podía resultar aceptable para el pesado Jesse Jackson. Pero la necesidad de buscar el equilibrio regional jugaba en su contra. Dukakis se había manejado málamente en las primarias sureñas. Un ticket compuesto por dos hombres del Noreste podía ser fatal en noviembre. Bradley descartado.

John Glenn era un héroe nacional y podía ser de ayuda en el competitivo estado de Ohio. Pero no sabía hacer campaña, y Dukakis estaba necesitado de un buen campaigner que pudiera compensar su frialdad y falta de pasión. Además, Glenn arrastraba aún una deuda de más de 2 millones de dólares de su fallida campaña presidencial de 1984. Por su parte, el Senador Sam Nunn, un sureño de Georgia, presidente del Comité de Defensa del Senado, se negó a ser considerado. Podía otorgar a Dukakis una amplia experiencia en temas de Defensa y política exterior, además de una importante base electoral en el Sur, pero el hombre había dicho en repetidas ocasiones que no quería ser Vicepresidente.

El joven Senador Al Gore, de 40 años, apodado el Príncipe de Tennessee por su atractivo físico, también entró en consideración. Había sido el tercer candidato en número de delegados obtenidos en las primarias, y había apoyado amablemente a Dukakis después de su retirada. Pero aún dolían las duras críticas que había vertido sobre el Gobernador de Massachusetts durante la primaria de Nueva York. Gore había descrito a Dukakis como "irresponsable" y "muy peligroso" en temas de Defensa y armamento.

Otro rival en las primarias, el Congresista Dick Gephardt, de Missouri, también fue invitado a Boston para ser entrevistado. Era el favorito de los sindicatos y los blue-collar workers, y había ganado el Caucus de Iowa. Pero su clásico discurso proteccionista chocaba con la imagen de demócrata reformista que Dukakis quería proyectar apoyando el libre comercio.

¿Y Bob Graham? Cuñado de Katharine Graham, dueña del Washington Post, presumía de haber sido, durante sus ocho años como Gobernador de Florida, el Gobernador de la Unión que más ejecuciones había ordenado. Una opción ideal para contrarrestar la impresión general de que Dukakis era débil en la lucha contra el crimen. Pero al mismo tiempo también suponía traicionar la fuerte convicción personal contraria a la pena de muerte que el candidato había manifestado. Y tampoco tenía experiencia en política exterior. El que sí la tenía era el Congresista Lee Hamilton, de Indiana, que había saltado al estrellato por su buen hacer durante las investigaciones del Irán-Contra. Sería un buen Vicepresidente, pero no aportaba votos ni era un consumado campaigner.

El único de la larga lista que quedaba en pie era el Senador Lloyd Bentsen, de Texas. Jugaban en su contra su edad, 67 años, y sus estrechas relaciones con la industria del petróleo y los intereses especiales. Pero no dejaba de ser una figura reverenciada en su condición de presidente del Comité de Finanzas del Senado. Dos factores terminaron de decidir a Dukakis: la tradición decía que ningún demócrata había sido elegido Presidente sin ganar el estado de Texas -Clinton rompería esa estadística en 1992-, y Lloyd Bentsen ya había derrotado a George Bush en las elecciones al Senado de 1970.

La selección de Bentsen evidenció la obsesión de Dukakis por equilibrar sus debilidades. Bentsen era pro-business, defendía políticas económicas conservadoras, y había votado en el Senado a favor de nuevos programas de armamento, y apoyado a los Contras. En la selección, Dukakis tomó un riesgo calculado; buscó obligar a George Bush a invertir tiempo y dinero para asegurar el Sur, pero era difícil que eso fuese suficiente para ganar a Bush en el estado de Texas, y en cambio sí podía romper el ticket por otro lado. Y volvemos a Jesse Jackson y sus 7 millones de votos en las primarias. El reverendo afroamericano se tomó la selección de la peor manera.

El día anterior a que se hiciera pública la decisión, Jackson había telefoneado a Paul Brountas, mano derecha del Gobernador Dukakis, para advertirle que al día siguiente tenía que coger un avión hacia Washington a las 8 de la mañana, y no quería enterarse por los periódicos. Pero la llamada de Dukakis a la mañana siguiente para informarle antes que a nadie, llegó tarde. Jackson conoció la noticia a través de un reportero en el aeropuerto. En ese mismo momento, por las formas, pero también por el nombre del elegido, se dio cuenta de que Dukakis nunca lo había considerado realmente para VP, y que su opinión no fue tenida en cuenta en el proceso de selección.

"Soy demasiado controlado, demasiado maduro para estar enfadado", dijo Jackson en tono resentido a los reporteros, al tiempo que prometía utilizar a sus delegados para lograr la candidatura vicepresidencial en la Convención que se celerbaría días después. "La Convención está completamente abierta". Su reacción tuvo mayor cobertura en los medios que las palabras del Senador Bentsen. A pesar de contar con los votos necesarios, durante la Convención Nacional Demócrata, celebrada entre los días 18 y 21 de julio en Atlanta, y para evitar dar imagen de desunión, se decidió que Lloyd Bentsen fuese nominado por votación oral, y no por votación abierta.

Video: abajo os dejo un resumen del discurso del Gobernador Michael Dukakis en la Convención Nacional Demócrata de 1988, en Atlanta. Aquí para ver el discurso completo (Real Player).

4 comentarios:

Ivan dijo...

Sorry. Look please here

Jordi Coll dijo...

¿Cómo es que Bentsen nunca buscó la nominación para presidente?

Cormac Milius dijo...

Bentsen le dio duro a Quayle. Dukakis fue el màs soso candidato demócrata que yo recuerde.

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

La buscó sin éxito en 1976. La clase política de Texas es demasiado pintoresca, y entocnes lo era más. Siempre solían tener problemas en campañas nacionales.

Dukakis era soso, y sobre todo frío. Tenía muchas cosas buenas que no supo vender. Su historial como Gobernador (salvo en el asunto de als conmutacioens de penas) había sido bastante exitoso. Pero no supo venderlo.