domingo, 20 de julio de 2008

Cindy y Michelle


En El Correo de hoy tenemos un amplio repaso al perfil de las dos aspirantes a Primera Dama. Siguiendo la línea habitual de la mayoría de medios extranjeros, Michelle Obama es la heroína emotiva y espontánea de la clase media, y Cindy McCain es la fría y neurótica mujer alejada de la realidad -todos sabemos de la afición de las mujeres americanas de clase media por el activismo político, o por asistir a universidades de la Ivy League a titularse en estudios afroamericanos. Pero el reportaje aporta información aprovechable para conocerlas mejor. Dos mujeres y un destino

(...) Una esconde un armario lleno de esqueletos. La otra admite tener una boca sarcástica que «se traduce mal al papel impreso», lo que le causa muchos problemas. Ninguna quería que su marido fuera candidato a la presidencia de EE UU. Poco a poco han vencido sus reticencias y se han subido al tren electoral, pero tanto su relación con los medios como sus aportaciones a la campaña son radicalmente diferentes.

El 2 de marzo John McCain se encajó una gorra de béisbol y se plantó delante de la barbacoa con la espátula en la mano dispuesto a cautivar a los reporteros con su 'salsa secreta' para las hamburguesas. Estaba pletórico. Hacía un mes que todo el mundo le daba por virtual nominado del Partido Republicano, pero la tenacidad de Mike Huckabee le había impedido formalizarlo. Ese domingo, en su rancho de Arizona, teñido por la piedra rojiza y los primeros rayos de la primavera, sentía que por fin podía celebrarlo con un grupo íntimo de ayudantes y reporteros que le acompañan habitualmente. En cuanto votase Texas, en menos de 48 horas, acabaría con eso del 'virtual' ganador.

«Su mujer estaba por allí. Salió a saludarnos con una sonrisa forzada, dio un par de vueltas y se metió en la casa. Se veía que eso no es lo suyo», contó después un periodista estadounidense, que prefiere no dar su nombre. En su fuero interno Cindy McCain desprecia a la Prensa casi tanto como Michelle Obama detestaba la política -«una pérdida de tiempo»-, antes de creer que su marido podía cambiar las cosas. Su rencor hacia la letra impresa y los cortes televisivos de 30 segundos data de la campaña de 2000, cuando el bulo de que John McCain había engendrado una hija bastarda con una negra hundió sus aspiraciones presidenciales en tierra de confederados, después de haber ganado a George W. Bush en New Hampshire. (...)

2 comentarios:

Jordi Coll dijo...

El título del artículo es muy original. ¿Crees que Michelle Obama busca hacer carrera como Hillary?

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Da esa impresión.