lunes, 22 de octubre de 2007

Encuentro en Orlando

Con una competición interna demócrata carente de toda emoción, todas las miradas estarán puestas en estos últimos meses del año en una cada vez más caliente batalla por la nominación republicana. Ayer vivimos un nuevo acto en Orlando, en la codiciada Florida, en un nuevo debate organizado por Fox News. Ante un auditorio de 3,000 espectadores y bajo la moderación de Chris Wallace –el mejor de los moderadores-, los candidatos se pelearon para demostrar cual de ellos era el verdadero conservador y cual la falsificación. Se nota que la Fox sí tiene un verdadero interés por dar tiempo y palabra a los cuatro principales aspirantes, para que el espectador perciba esto como una carrera a cuatro. Los candidatos menores se vieron más desplazados que nunca. El monotemático Tom Tancredo no intervino hasta el minuto veinticinco.

El Senador Fred Thompson, que con su discreta actuación la pasada semana había empujado a sus más activos seguidores a una especie de depresión post-debate, se aplicó esta vez con más pasión desde sus primeras intervenciones. El front-runner Rudy Giuliani recibió los golpes. Le recordó haber apoyado la financiación federal del aborto y el control de armas, y le golpeó con la comparación que menos debe gustar a un republicano, “ha estado en el lado de Hillary Clinton en todos esos asuntos que he mencionado”. Por si fuera poco, Fred rescató del baúl de los recuerdos el apoyo público de Rudy a la reelección del Gobernador Mario Cuomo (D – Nueva York), gran icono progresista en los años ochenta y primeros noventa.

Giuliani se defendió sin complejos, “Fred también tiene sus problemas. Él fue el más grande obstáculo individual para la tort reform en el Senado”, dijo de su rival, para pasar después a meter el dedo allí donde más duele a esos políticos cuya experiencia se limita a sentarse en un escaño, hablar y votar. “El Senador nunca ha tenido responsabilidades ejecutivas (...) nunca ha llevado el peso de la seguridad de las personas sobre sus hombros”. Una verdad irrevocable. El ex Alcalde de Nueva York dejó claro al ex Senador por Tennesse que, cada vez que le ataque con el argumento de la “ciudad santuario de la inmigración ilegal”, recordará a los votantes la nula experiencia de Fred como jefe de un gobierno que toma decisiones difíciles. E hizo una nueva demostración de astucia al proclamar que lo que de verdad importa en el debate sobre los niveles de conservadurismo de cada uno, no son las palabras y los discursos, sino los hechos. Conservador con resultados. Un título eficaz.

Puedo deciros que George Will (el historiador) escribió hace un par de años que yo lideré la más conservadora administración en los Estados Unidos. Equilibré un presupuesto que había estado siempre fuera de balance. (...) Luché contra el crimen más que nadie siendo Alcalde. Tuve éxito con un consejo municipal dominado por los demócratas. Creo que tengo un montón de resultados conservadores”. Aquí Rudy planteó la cuestión clave: qué es más importante para el votante republicano, la ortodoxia de un candidato que no te garantiza poder cumplir con sus promesas absolutas al depender de otros factores, o la capacidad de un candidato para hacer avanzar una agenda lo más republicana dentro de lo que las condiciones generales permitan.

Otro que pretendió tomar la ofensiva anoche fue el necesitado John McCain. Su objetivo fue Mitt Romney. “Gobernador Romney, has dedicado el último año a tratar de confundir a la gente sobre tu historial. No quiero que hagas lo mismo con ellos sobre mi historial... Yo me mantengo en mi historial conservador, no creo que puedas confundir al pueblo americano... Puede que no estén de acuerdo conmigo en un par de temas, pero saben que yo cuento la verdad”. Buen intento de McCain para calentar al ex Gobernador. Pero no contaba con que este sea seguramente el candidato más disciplinado del grupo. Inteligentemente, el de Massachusetts pasó de McCain, recordando lo mucho que lo admira por ser un héroe y toda esa palabrería que siempre queda elegante, para centrar sus críticas en la Senadora Hillary Clinton –a la que Mitt y Rudy llaman “Hillary” a secas, como parte de su estrategia-.

Romney puso en duda que Hillary tenga la experiencia necesaria para sentarse en el escritorio del Despacho Oval: “Mirar los desafíos que enfrentamos. La idea de que alguien quiera ser Presidente sin haber trabajado nunca en el sector privado es una interrogante (...) esa experiencia es esencial (...) Hillary Clinton pretende liderar la más grande empresa del mundo sin haber administrado ni siquiera la tienda de la esquina. No ha gobernado un estado. No ha gobernado una ciudad...”. Un buen punto. Como es habitual en él, Mitt tampoco dejó pasar cualquier oportunidad para mentar al santo Reagan, hablar de la alianza de conservadores sociales con halcones de la seguridad y los impuestos, y recordar que un día hace años tuvo el valor de enfrentarse a ese monstruo, ese hombre del saco llamado Ted Kennedy. De tanto repetirlo, esta constante referencia a su enfrentamiento con Kennedy en el 94, empieza a parecerse ya al “¿os había dicho que mi hijo es ingeniero?” que gusta repetir a algunas madres cada vez que se reúnen con sus amigas.

La ovación de la noche se la llevó John McCain. Con algo que sin duda llevaba preparado. Hillary Clinton quiere destinar 1 millón de dólares del dinero federal para un museo dedicado a Woodstock en Nueva York. Una frivolidad que McCain dejó al descubierto. “Amigos míos (“my friends”) – lo repite constantemente-, yo no estuve allí. Estoy seguro de que fue todo un evento cultural y farmacéutico. Yo estaba ocupado en aquella época”. Electrificó a la audiencia.