viernes, 5 de octubre de 2007

Domenici deja el Senado

Elegido por primera vez en 1972, coincidiendo con la triunfal reelección de Richard Nixon, el republicano Pete Domenici ha decidido que ya ha tenido bastante con 36 largos años en el Senado. Se retira dejando al GOP otro quebradero de cabeza más. Un escaño que con el viejo Domenici parecía asegurado, se vuelve ahora competitivo, condenando a un mal financiado National Republican Senatorial Commmittee a un rol cada vez más defensivo con vistas a las elecciones legislativas del año próximo. Tras casi cuatro décadas con el mismo Senador, la gente de New Mexico buscará casi por inercia algo nuevo. La vulnerabilidad de este escaño se suma a los tres escaños republicanos altamente vulnerables -en Virginia, New Hampshire y Colorado-, a los que podrían sumarse en el futuro otros tres o cuatro escaños a la mínima que el viento sople en contra -en Minnesota, Maine, Oregon o Alaska si el anciano Ted Stevens se retirase-.

Después del regusto áspero de 2006, que aún pesa entre los desanimados republicanos, son pocos los que han recuperado la tensión necesaria para enfrentar un nuevo ciclo electoral en tan corto espacio de tiempo. Los problemas de credibilidad de la Casa Blanca y las medidas impopulares como el reciente veto de Bush sobre acuerdos bipartitos como el plan para ampliar los beneficios del medicare a los niños con menos ingresos, no ayudan a levantar el ánimo. Parece que sólo existan esperanzas por mantener la Presidencia, gracias al potente perfil público de alguno de sus candidatos, más que por otra cosa. Aunque tampoco en esto faltan aquellos republicanos que consideran que lo ideal sería perderlo todo para volver a tomar la ofensiva como fuerza opositora, que ganar de mala manera y mantenerse en este agónico rol defensivo que a largo plazo pudiera tener peores consecuencias.

Tampoco falta quien sostiene que la causa de las desgracias del GOP es más situacional que inherente. La imposibilidad de defender una postura más flexible en Iraq, para no desairar a una Administración en la que ya no creen en el Capitolio, paraliza a los legisladores republicanos que siempre habían llevado la delantera sobre los demócratas en Seguridad Nacional y política exterior. El otro lastre, la plétora de escándalos éticos y de corrupción que han azotado al liderazgo republicano en el Congreso, es algo cíclico que afecta sin remedio a todos los que acumulan poder en la ciudad del Potomac. El poder intoxica y el poder absoluto corrompe. Es cuestión de tiempo que la nueva mayoría demócrata sufra del mismo mal.

Pero aparte del tradicional factor cíclico, me gustaría hablar de dos asuntos en los que considero que se refleja bien cierto alejamiento entre el GOP y el votante medio: el medio ambiente y la sanidad. Los republicanos deberían reconsiderar su postura estática en estas dos áreas. A pesar de lo que pueda parecer, la gente en América está realmente preocupada por la degeneración del medio ambiente y las limitaciones en la asistencia sanitaria. La ortodoxia del libre mercado como respuesta simple a problemas complejos, componía hace tres décadas un mensaje revolucionario de innovación e indudable atractivo para consumo de una clase media asfixiada por las cargas de los grandes programas sociales del Gobierno que siempre beneficiaban a otros.

En aquella ocasión una vanguardia de republicanos ofreció una respuesta dinámica a una mayoría demócrata que se negaba a abandonar las fracasadas fórmulas del pasado. A día de hoy son los republicanos los que corren el riesgo de no adaptar al futuro el mensaje de hace veinticinco años. Todo deja de ser original cuando se ha convertido en habitual y dominante. Y la realidad es que hay pocos republicanos que a día de hoy presenten una alternativa nueva y detallada a los planes demócratas para el cuidado de salud universal. Y llegados a ese punto es irrelevante que filosóficamente el votante pueda conectar más con la concepción de sociedad de un escrupuloso conservador fiscal, si no ve que estos ofrecen soluciones prácticas a problemas reales que existen y no parecen ser resueltos por el mercado.

En cuanto al medioambiente podríamos hacer una alegoría. Si nos dijeran que nuestra casa puede arder en cualquier momento por un defecto en la instalación eléctrica, podríamos contratar a 9 inspectores eléctricos diferentes para escuchar su opinión. Tres de ellos estarían de acuerdo en que ese riesgo es inminente, otros tres dirían que es probable pero no seguro, y los tres restantes negarían esa posibilidad. Nuestra actitud en tal caso sería la de tomar en serio las advertencias y evitar que la vida de nuestra familia corriera peligro.

El GOP ha sido y es de esos que insistirían que los tres que dicen que no pasa nada son los que están en lo cierto. Todo porque existen ciertos argumentos razonables que contradicen las modernas teorías del calentamiento global. Considerarían que la libertad para dar rienda suelta a los excesos materiales es más importante que la protección del medioambiente o el activo social que supone el valor espiritual de unas vidas sencillas. Podríamos considerar a Arnold Schwarzenegger un republicano demasiado proactivo en materia medioambiental, John McCain es más razonable, pero existe esa otra derecha que, ya sea por su ortodoxia en algunos casos, o por su desmedido compromiso con la productividad en otros, sigue anclada en el "a mí qué me importa" y la negación de darle un lugar en la agenda del debate político.

El lugar que le corresponde en algunos de esos estados variables que elegirán a sus senadores dentro de catorce meses, Minnesota, Oregon, Colorado, New Mexico, bellos sitios en los que los lugareños ven sus vidas y comunidades ligadas a los valores originales de la naturaleza y los espacios abiertos. Lugares en los que admiran los esfuerzos de un legendario Presidente republicano, Teddy Roosevelt, uno de los primeros medioambientalistas, que dejó al país un hermoso legado de parques nacionales y reservas naturales. Algo que el Partido Republicano debería recordar con orgullo como uno de sus principales triunfos históricos.

3 comentarios:

Cormac Milius dijo...

Totalmente de acuerdo. Esa es la clave, ya no estamos en los ochenta y lo que entonces era incluso necesario ahora ya no vale en su versión màs ortodoxa porque todo tiende a ser màs complejo o simplemente porque la medicina que te hizo bien entonces también a la larga tiene efectos secundarios. O puede que todo sean modas, ciclos, ¿y qué màs da? Lo que importa es la percepción de la gente.

Cormac Milius dijo...

Por ejemplo cuando ocurrió lo del Katrina era de llorar: no sòlo se destruía una de las màs bellas ciudades de América, no sòlo veías la ineptitud de todas las administraciones sino que constatabas que todo un sistema pùblico que habìa empezado con razón a adelgazar hace 3 décadas ahora ya era anoréxico. Creo que eso abrió los ojos a màs de uno.

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Claro, y también el problema es que eso que era una receta nueva en aquella época, ha sido después lo habitual, lo que se ha aplicado por unas y por otras administraciones. Ya no es una alternativa. Es lo establecido. Y la gente busca alternativas a lo establecido constantemente.