miércoles, 21 de mayo de 2008

Hamilton Jordan (1944-2008)


Ayer murió Hamilton Jordan. Tal vez este nombre no signifique nada para el gran público. Pero si os digo que fue uno de los arquitectos del sorprendente ascenso de Jimmy Carter a la Presidencia, comprenderéis que le dedique un hueco en este blog.

Jimmy Carter se apoyó durante toda su carrera política en dos jóvenes colaboraadores. Hamilton Jordan y Jody Powell. Powell era un joven de la Georgia rural que, tras graduarse en Ciencias Políticas, envió en 1970 un trabajo sobre populismo sureño al entonces candidato a Gobernador de Georgia, Jimmy Carter, que le sirvió para llamar la atención de este y ser contratado para su campaña. En sus años en la Casa Blanca, Powell sería el Secretario de Prensa.

En comparación con Powell, Hamilton Jordan era un chico más urbano, criado en Albany, Georgia. Siempre mostró aptitudes para la política -sus compañeros de clase lo votaron como el más probable aspirante a ser Gobernador en un futuro. Tras su paso por Vietnam, trabajó como voluntario en la fallida campaña gubernatorial de Jimmy Carter en 1966. A pesar de la derrota, Carter vio talento para la política en aquel muchacho de sólo 24 años, y en 1970 lo nombró campaign manager de su nuevo intento por convertirse en Gobernador de Georgia. Esa vez ganaron, y Jordan pasó a ser secretario ejecutivo del Gobernador Carter.

La gran aventura para hacer de Carter un líder nacional empezaría en noviembre de 1972, a cuatro años de las presidenciales de 1976. Hamilton Jordan redactó un memorandum de 72 páginas para Carter, en el que exponía cómo tendría que ser la futura campaña presidencial. No iba a ser fácil. Desde la Guerra Civil, la Presidencia parecía estar vetada para los Gobernadores del Sur Profundo -Mississippi, Alabama, las dos Carolinas, Georgia, Louisiana, Tennessee, Arkansas y Florida. Georgia era por aquel entonces un feudo demócrata inquebrantable, pero el aparato del Partido Demócrata local estaba controlado, al igual que en toda la región, por caciques segregacionistas que tenían su propia idiosincrasia, muy alejada de la imagen nacional del partido.

El primer objetivo fue aprovechar el cargo para reformar la imagen del político del Sur Profundo. Se atrajo la atención nacional con comprometidos alegatos en contra de la discriminación racial, y la designación de afroamericanos para importantes cargos de la administración estatal. El segundo objetivo fue anunciar su candidatura presidencial mucho antes que los demás, en diciembre de 1974, casi dos años antes de las elecciones. Jordan sabía que con el Watergate reciente, el hecho de no pertenecer a la clase política de Washington DC suponía una ventaja real para Carter. El candidato pronto se dio a conocer en Iowa y New Hampshire. Se recorrió el país y construyó un cuerpo de voluntarios y personal no profesionalizado que, si bien parecía amateur, resultó eficaz.

La sorprendente victoria de Carter en Iowa, muy trabajada en el contacto cercano con los votantes del lugar, lo catapultó a las portadas de la prensa, y, a su vez, esa cobertura mediática lo catapultó a la victoria en la siguiente primaria en New Hampshire. Se creó así gradualmente una especie de círculo ganador alrededor de su candidatura, que le llevó en última instancia a hacerse con la nominación demócrata. Se consumaba así lo que los analistas siguen considerando "el más espectacular ascenso político que ha conocido la historia moderna americana".

Las cosas resultaron más complejas una vez instalados en la Casa Blanca. Poner en práctica sus promesas de reorganización del Gobierno, intentando hacer las cosas a la manera de Georgia, empezó a parecer una utopía. El Time de la época expresaba de esta manera la confusión en torno a las verdaderas funciones de Jordan: "Está en todas partes por su acceso al Presidente. No está en ninguna parte porque no tiene una línea de responsabilidad y puede situarse o apartarse de cualquier lugar cuando él o el Presidente quiera." En sus primeros años de Presidencia, Carter se negó en redondo a contar con un Jefe de Gabinete. Pensaba sinceramente que no le hacía falta. Hamilton Jordan era quien ejercía ese rol sin cargo oficial, hasta que en 1979 lo asumió de forma oficial.

No sabían lo que era la ciudad del Potomac. La prensa llamaba al entorno presidencial "la mafia de Georgia" porque era un grupo exclusivo casi desconectado y aislado del resto de la clase política de la capital. Querían aplicar la visión romántica de la realidad georgiana al Gobierno federal. Esos deseos de no hacer las cosas tal y como estaba establecido que tenían que hacerlas. De renunciar a todas esas conductas que en su opinión habían desembocado en la corrupción de la que el Watergate sólo fue un ejemplo más. Y tenían el convencimiento de que el pueblo les había dado el mandato de corregir esas actitudes, rompiendo con las rutinas que guiaban la conducta de todo político que llegaba allí. Querían evitar ser lobotomizado por Washington DC.

El atractivo estilo country-casero de los Carter Boys había funcionado a las mil maravillas en campaña electoral, pero se confirmó como una desventaja a la hora de gobernar. El historiador Douglas Brinkley lo resumió en pocas palabras: "Había una especie de cultura juvenil alrededor de la figura paternal de Jimmy Carter, que fue ganando adeptos para su campaña. Pero ese estilo no funcionó en una ciudad gobernada por estrictas normas no escritas. Chocaron con la escena social de Washington, la gente de las sofisticadas cenas y fiestas del barrio de Georgetown buscaba tener contacto e influencia sobre el Presidente. Pero ahí estaban aquellos georgianos que eran más felices vistiendo tejanos azules y acudiendo a conciertos de Willie Nelson. No encajaban en la escena social de Georgetown."

5 comentarios:

Half Nelson dijo...

Interesantísima entrada, Antxon, como el resto del blog. Solo una pregunta, que supongo que será difícil de contestar en unas lineas, pero es algo que he apreciado ya en varios sitios, ¿se puede decir que Carter fue el peor presidente en el S.XX? El problema es definir "peor", lo sé, pero me gustaría saber tu opinión. Gracias!

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Muchas veces se comete el error de comparar Presidencias sin tomar en cuenta el contexto en que estas se desarrollan. Por eso no soy muy partidario de elaborar listas de "mejores" o "peores" Presidentes. Si profundizamos podríamos llegar a la conclusión de que si carter hubiera sido Presidente en los años 90, tal vez ahora su etapa sería recordada con agrado. O si Reagan hubiera salido electo en el 76, tal vez hubiera sido derrotado en el 80 por la recesión económica. Por eso considero injusto ese tipo de listas.

Lo que sí creo que podemos valorar de los Presidentes son sus cualidades para el liderazgo. Es decir, a un Presidente le pueden salir mal las cosas por un montón de motivos pero podemos admirar su liderazgo o tener la certeza de que no lo hizo exáctamente mal.

Por ejemplo, Eisenhower es uno de los ex Presidentes que tiene mejor prensa. Fue un Presidente que jugó el papel de figura paternal que inspira confianza en lso ciudadanos en un momento de gran prosperidad nacional en la que el pueblo está tratando de olvidar la ansiedad de los años anteriores y disfrutar del momento. Pero tuvo un desconocimiento total de los detalles de la política doméstica, y dejó correr el conflicto racial que en los 50 empezaba ya a manifestarse con una virulencia importante. No hizo nada por resolverlo. Años a Johnson le estalla esa situaicón en las manos, siendo el Presidente que más hace por la causa. Se le mueve la tierra a sus pies y poco puede hacer. ¿Quién es el buen Presidente y quién es el mal Presidente?....

En cuanto a Jimmy Carter, hay una frase de su Consejero de Seguridad nacional, Zbignew Brzezinski, que expresaba muy bien el problema de Carter: "Juan Pablo II nació para ocupar la Casa Blanca y Jimmy Carter nació para ser Papa". Carter era un hombre muy religioso con un enfoque muy moralista de la misión de un líder político, peor no era resolutivo. En él se evidenciaban las dudas de la propia época que le tocó vivir. No servía para tomar decisioens difíciles bajo presión, se venía abajo. No tenía dotes de mando. Pero tal vez hubiera sido un buen guía moral en tiempos tranquilos y de introversión del pueblo americano.

No lo considero el peor Presidente del Siglo XX. Era un tipo idealista, y creía en una misión. Creo que ese título de peor Presidente del Siglo XX, si le corresponde a alguien, es a Warren Harding, un hombre sin objetivos ni propósitos, buenos ni malos, más interesado en las mujeres.

Jordi Coll dijo...

Sus admiradores dicen que es el mejor expresidente de la historia. xD

Half Nelson dijo...

No me digáis más, sus detractores dicen también que es el peor xD. Ahora en serio, pillada la idea Antxon, estoy de acuerdo, es fundamental apelar en los análisis al contexto siempre, es la mejor manera de ahuyentar el peligro del maniqueismo republicanos (malos)- demócratas (buenos) del que tanto sabemos en España. No hay más que ver la obamamanía desatada en la prensa de aquí, sin tener ni la más remota idea de lo que propone cada candidato,(e incluso entre los dos candidatos demócratas: véase las propuestas en cobertura sanitaria, más "progresistas" en el caso de Hillary que en el de Obama, pero como obama "mola" más...).

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Siempre he dicho que los liberales (progresistas los llaman en Europa) se guían únicamente por códigos estéticos que les fascinan. ¿Por qué crees por ejemplo que Condoleezza Rice tiene tan buena prensa entre el mismo mundo mediático que flagela a Bush y a todos los miembros de su gabinete? Porque es negra, toca el piano y el violín, habla ruso y francés, y viste a la moda.