sábado, 8 de septiembre de 2007

"Nominen a esa mujer"...

... es lo que deben estar pensando los republicanos tras repasar los primeros sondeos nacionales del mes de septiembre. Tomando toda la cautela necesaria cuando hablamos de sondeos nacionales -recordar esto o esto o sino esto-, John Edwards se confirma como el candidato más potente de ambos partidos si sólo consideramos el factor de la elegibilidad de cada uno. El ex Senador por Carolina del Norte, al que podríamos situar en algún lugar entre el populismo sureño de Lyndon Johnson y la estética de Bobby Kennedy, derrotaría a todos sus rivales republicanos a día de hoy. Estos datos vienen a confirmar los sondeos que el pasado mes de agosto indicaban que Hillary Clinton sería la peor parada en la confrontación con sus rivales republicanos, siendo superada por Giuliani y Thompson. El tercero en discordia, el Senador Barack Obama supondría sólo una leve mejora respecto a los números de Hillary, quedándose en el empate técnico con Giuliani y Thompson.

Esas rotundas diferencias entre las posibilidades de unos y otros para hacerse con la Presidencia, contrasta de forma cada día más sorprendente con la intención del voto para las internas demócratas, en las que Hillary amplia su ventaja sobre Obama y Edwards a más de 20 puntos y, esto es lo más sorprendente, siendo su elegibilidad uno de los factores que más en cuenta tienen los votantes demócratas a la hora de decantarse por ella.

La inmejorable posición de Edwards de cara a la elección general se puede deber a varios motivos, siendo el más destacado la mayor profundidad de su programa político y sus propuestas para la resolución de los problemas cotidianos por encima de los grandes proyectos. Pero no debemos perder de vista una vez más el factor cultural. John Edwards es el blanco sureño de origen humilde que se adscribió al partido, no para luchar en favor de causas identitarias de clases acomodadas o para impulsar experimentaciones marginales, sino por apego a la larga tradición del partido en hacer avanzar en la sociedad a las familias humildes de bajos ingresos y aspiraciones modestas como poder tener un coche familiar o enviar a sus hijos a la universidad estatal más cercana a su casa.

Su plataforma electoral no incluye la defensa del matrimonio homosexual, apenas hay mención a causas "culturales" que se han convertido en bandera de la izquierda en las últimas décadas, porque en su experiencia vital las preocupaciones prioritarias eran otras, las batallas del día a día eran aquellas que otros ya creen superadas. Para Edwards nunca fue un dilema la utilización o no de drogas, jamás tuvo tiempo ni ganas de plantearse semejantes preguntas. Seguramente le pareciera superficial, al igual que a la mayoría de muchachos de su generación en Robbins, pequeño pueblecito de Carolina del Norte donde los mayores se ganaban la vida como obreros de la industria textil y pasaban los fines de semana pescando en los afluentes de los ríos Pee Dee o Roanoke.

Tampoco podemos olvidar que el llevar ya varios años alejado del Capitolio de Washington es un activo para Edwards, así como su no pertenencia al exclusivo sistema de relaciones sociales construída alrededor de los clubs de ex alumnos de las elitistas universidades de la Ivy League. Centros en los que sí estaban de moda esas batallas culturales que al americano de clase media-baja le pueden resultar cansinas. Edwards tiene, pues, una oportunidad única para explotar su mayor facilidad para llegar a las fibras sensibles del electorado medio, y convertirse en la verdadera y real alternativa a Hillary Clinton, desplazando al ambiguo Obama al papel de mera alternativa cosmética. Una familia, una pistola, una lata de cerveza, un coche que parezca grande sin serlo y afición a las carreras de NASCAR. No hace falta más. No es tan difícil.

PostData: Entre los republicanos, hay un empate técnico entre Giuliani y Thompson a nivel nacional, lo cual no hace más que generar aún más incertidumbre en el proceso interno del GOP, donde además Mitt Romney parece ampliar su ventaja en Michigan.