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sábado, 13 de octubre de 2007

(Actualización) 1956 Democratic Convention

Tres nuevos videos para completar la Convención Demócrata de 1956. Incluído parte del momento más importante del proceso. Los delegados votan. Stevenson vs. Harriman. Disfrutarlo.

Parte I



Parte II



Parte III

sábado, 29 de septiembre de 2007

Otro baño de multitudes para Obama

El Senador Barack Obama congregó en el Washington Square de la ciudad de Nueva York a 24,000 almas. En su gran mayoría jóvenes dispuestos a esperar horas para escuchar las mismas palabras que siempre repiten los candidatos en estas citas. Sea cual sea el destino de su aventura presidencial, nadie podrá discutir a Obama que está siendo el candidato de las grandes multitudes en esta precampaña. Pero esto sí nos lleva a preguntarnos por qué un candidato que atrae a la gente como una estrella de rock, que recuerda mucho al irresistible poder de convocatoria que tenía el Senador Bobby Kennedy en la campaña del 68, muestra tantas dificultades para trasladar ese poder de atracción a los sondeos sobre la intención de voto. No sé si encontraremos una explicación a este contradictorio fenómeno algún día.

Financiación pública sí, no, o con condiciones

Un dilema para el candidato John Edwards. Edwards’s Embrace of Public Money May Be Limited

(...) In an interview with CNN on Thursday, Mr. Edwards said he was accepting the benefits and limits of public financing to support the system, which was adopted after Watergate to limit campaigns’ dependence on big donors. Asked about the general election, Mr. Edwards told CNN, “We are talking about through the campaign, period.”

“It’s not about a money calculation,” he said. “This is about taking a stand, a principled stand, for what’s right. I believe in public financing.”

On Friday, however, his campaign manager, David E. Bonior, a former House member from Michigan, said Mr. Edwards might reject public financing for the general election unless the Republican nominee also agreed to take public financing.

Mr. Edwards “understands that almost none of the Republican candidates share this commitment,” Mr. Bonior wrote. “Accordingly, we will continue to raise money for the general election so we will be ready to compete against the Republican nominee.”
(...)

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Federico Peña se apunta a Team Obama

Importante apoyo para Barack Obama. Federico Peña, el primer hispano que llegó a la alcaldía de Denver, y que después se destacó como uno de los miembros más respetados del Gabinete de Bill Clinton como Secretario de Transportes primero, y de Energía después, ha anunciado recientemente que pasará a ocupar un puesto de responsabilidad en la campaña presidencial del Senador por Illinois. Su función será la de procurar hacer progresos entre el electorado hispano.

Hasta ahora Hillary Clinton llevaba la delantera en apoyos hispanos de perfil elevado como Antonio Villarraigosa o Raul Yzaguirre. Pero el posicionamiento de Peña en favor de Obama puede ser entendido como un golpe para la ex Primera Dama, ya que estamos hablando de un hombre que ya colaboró de forma apasionada con la campaña de su marido en 1992, y que estuvo trabajando en su administración durante cinco años consecutivos.

Este endorsement también significa para Obama el apoyo público de un político muy respetado en el Oeste, que como Alcalde de Denver en los años 80 gobernó una etapa dorada en la historia de la ciudad, en que esta vivió un importante desarrollo económico y fue mundialmente conocida gracias a la serie Dinastía que narraba la historia de una opulenta familia petrolera de Denver que proyectó la imagen de la ciudad a nivel internacional -gracias a lo cual la mayoría de nosotros conocimos aquella interesante ciudad-. Peña le facilitará también importantes redes de recaudación de fondos en el estado de Colorado, uno de los estados más ricos del Oeste Americano. Sin olvidar que será la sede de la próxima Convención Nacional Demócrata como ya dijimos hace meses.

martes, 11 de septiembre de 2007

"Pro-war, pro-corporate"

Así define la extrema izquierda a la Senadora Hillary Clinton. Os recomiendo un artículo de Jeff Cohen, miembro destacado del Progressive Democrats of America, más que nada para conocer la frustración existente entre los más radicales de la izquierda americana ante la más que probable nominación de Hillary. Frustración que no transforman en acción. No saben enfrentarla.

Hace cuatro años les fue impuesto John Kerry, quien logró reunir a moderados y radicales bajo un mensaje simple y pobre que giraba alrededor de una única idea: "Yo odio a Bush". Ese fue el punto de encuentro en el que diferentes tipos de votante encontraron aceptable su candidatura. Veremos cómo se las arregla Hillary para movilizar a toda esa masa de votantes con el hombre del saco, el Presidente y su administración, fuera de competición.
Hillary Rolls On: Are Netroots a Paper Tiger?

(...) Despite being overwhelmingly opposed to the nomination of Hillary Clinton, the Netroots have so far done little to slow down her coronation. Boosted by celebrity-worshipping corporate media (and a maximum donation from Rupert Murdoch himself), Hillary Clinton keeps rolling on – allied with the corporate lobbyists and Democratic insiders loathed even by moderately liberal bloggers.

Meanwhile, Clinton has never been popular among the Netroots. She’s never moved out of single digits in the (unscientific) monthly straw poll of DailyKos readers, while John Edwards has averaged 38 percent in the last six months among Kossacks, with Barack Obama averaging 26 percent.

In an April straw poll of MoveOn members following a virtual town hall on Iraq, the results were Obama (28%), Edwards (25%), Dennis Kunicich (17%) and Bill Richardson (12%) – followed by Clinton in fifth place with 11 percent. Clinton did better following a July town hall on climate change, but finished in third place, 17 points behind Edwards.

The reality is stark: While it’s hard to find a MoveOn leader or respected progressive blogger who supports Clinton, they can’t (or won’t) stop her.
(...)

Edwards sobre Contra-terrorismo

Ya está disponible el comentado discurso completo que emitió John Edwards en la Pace University de Nueva York la pasada semana. La propuesta más concreta en materia de lucha contra el terrorismo global que ha lanzado hasta el momento ninguno de los candidatos demócratas punteros.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

"Uh... no"

Ha sido la respuesta del ex Vicepresidente Al Gore cuando le han preguntado sobre si se siente obligado a darle su apoyo en la carrera electoral a la mujer de su antiguo jefe. Beth Fouhy, de Associated Press, ha dicho que, antes de final de año, Gore hará un pronunciamiento público para dar su apoyo a uno de los candidatos. Hace cuatro años apoyó a Howard Dean. Este año no esperéis que se suba al tren de Hillary. Seguramente ve en Hillary el tipo de candidatura que él representó en el pasado. Un tipo de candidatura por el que reniega porque lo llevó a la derrota. Ir contra Hillary es una forma de exorcización. Apostar porque termine apoyando a Obama o Edwards, eligiendo a uno en función de cual de los dos esté mejor colocado a finales de año.

Por cierto, siguen los problemas de Hillary Clinton con su famoso contribuyente chino. Norman Yuan Yuen Hsu ha venido a refrescarnos las corruptelas de la vieja Administración Clinton y el famoso dinero asiático de 1996. Este hombre habría estado relacionado con Bernard Schwartz, uno más de los camepones que en aquella época primaban sus negocios sobre la seguridad nacional, entregando información restringida abundante sobre tecnología militar a China. No sé por qué pero creo que todos tenemos la impresión de que Hillary saldrá tan fresca como estaba de este escándalo gracias a la protección de esa potente barrera de seguridad que empieza en Harvard y termina en el New York Times. Cualquier candidatura no apadrinada por esa gente sería destruída.

jueves, 23 de agosto de 2007

El Partido Demócrata ayer y hoy

El Partido Demócrata se fundó en el siglo XIX sobre la base de viejos principios jeffersonianos como el igualitarismo, la democracia liberal, las inclinaciones humanitarias, etc. Todas ellas ideas surgidas de la admiración que Thomas Jefferson sentía por la Revolución Francesa. También el partido mostró desde muy temprano un gusto por la descentralización, haciendo suyas las posiciones contrarias a un poder central efectivo. Este posicionamiento sería deudor del gran sueño de Jefferson: que la popular y humilde América rural se impusiera siempre a la exclusiva América industrial de los patricios.

A partir de esos ambiguos principios constitutivos, la evolución del partido estaría condicionada por la evolución de la propia Nación Americana. Una vez concluída la famosa "conquista del espacio norteamericano" con la conquista gradual de nuevos territorios, la Unión se extendió hacia el Sur y el Oeste; la atracción por las nuevas tierras fue fuerte y muchos colonos se desplazaron por oleadas hacia esos nuevos territorios en los que se asentarían.

Se conformó así una nación geográficamente muy diversa, con regiones muy distintas entre sí, y cada una con su propia especialización. La estructura social de cada región adoptó una fisonomía social particular y propia, sobre todo con dos mundos claramente contrapuestos: en el Norte dominaban los patricios enriquecidos con el tráfico marítimo, la banca y la nueva industria. En el Sur se creó una especia de aristocracia calvinista de grandes plantadores que llevaban el mismo tipo de vida que las comunidades del siglo XVIII, y que despreciaba a los "yankees" del Norte. Por su parte, en el Oeste apareció un nuevo tipo de estadounidense aventurero, individualista, enamorado de la libertad y la igualdad, que no apreciaba más que el valor personal... el prototipo de "selfmade man".

Las políticas de las administraciones federales favorecían de forma descarada al Noreste capitalista, lo cual provocó el descontento del Sur y el Oeste, principalmente en lo que se refería a dos medidas concretas: la valorización del dólar -pioneros y plantadores, cargados siempre de deudas, deseaban siempre una devaluación de la moneda- y el proteccionismo aduanero, que favorecía a la industria y perjudicaba a la agricultura. Para hacer frente a esa realidad, una coalición de intereses del Sur y del Oeste llevó a la Presidencia al General Andrew Jackson (1829-1837), el primer Presidente perteneciente al Partido Demócrata.

La elección de Jackson trajo consigo, entre otras medidas, la suavización de las tarifas aduaneras, la anulación del privilegio de la banca central o la introducción de una ley anti-burocrática que buscaba impedir la creación de una casta burocrática en Washington DC. Medidas, todas ellas, de corte claramente descentralizador, encaminadas a menguar el poder del Gobierno federal sobre el individuo.

Con esta potente coalición de hombres del Sur y el Oeste, el Partido Demócrata estaría en el poder de manera casi ininterrumpida hasta 1861. Durante este tiempo, los políticos del Sur alcanzaron una creciente influencia en el partido hasta controlarlo por completo, haciendo de la defensa de la esclavitud uno de sus principios esenciales. El cada vez más acalorado debate de la cuestión esclavista provocó un acercamiento de las sociedades del Oeste con las del Noreste, y produjo la primera escisión del partido antes de la Guerra de Secesión.

Los escasos demócratas que había en el Norte y muchos otros pertenecientes a la más poderosa sección del Oeste, abandonaron el partido para unirse al Partido Nacional-Republicano y fundar un partido anti-esclavista, el actual Partido Republicano (que ya será objeto de análisis en otro post). El GOP de Lincoln reunió a todos los anti-esclavistas y llegó al poder en 1861. La derrota dejó al Partido Demócrata limitado únicamente al rol de representante de los plantadores esclavistas del Sur, lo que lo condenó a estar apartado del poder durante varias décadas una vez que el Norte ganara la Guerra.

Los últimos años del Siglo XIX y primeros del XX, fueron triunfantes para el joven Partido Republicano que se adjudicó la representación de la pujante y desarrollada América industrial frente a la América rural y atrasada que siguió abrazada a los demócratas. El Sur estaba arruinado y el Partido Demócrata también. Esto parecía que significaba el final definitivo del viejo sueño de Thomas Jefferson.

Mientras el capitalismo de los industriales adquiría cada vez mayores dimensiones y traspasaba las fronteras nacionales, los demócratas sólo pudieron recuperar la Casa Blanca debido a la división interna de los republicanos en las elecciones presidenciales de 1912. Fue de la mano de Woodrow Wilson (1913-1921), un hombre idealista que supo responder a la necesidad de extender el área de influencia del país en el exterior apelando al humanitarismo, al tiempo que mantenía bajo control el nacionalismo hegemonista publicitado por la gran industria.

Pero si el gran legado global de Wilson fue establecer las bases de la justificación providencialista del papel activo de EEUU en el mundo, su legado en el desarrollo histórico del Partido Demócrata sería la recuperación del electorado obrero del Norte, cada vez más descontento con sus condiciones de vida, al mismo tiempo que mantenía su patronaje sobre el voto racista del Sur. Una coalición de conveniencia entre diferentes sectores descontentos. La atracción de los obreros industriales se debió a medidas como la reducción del derecho de aduanas, combatiendo la presión de los omnipotentes financieros o creando un impuesto progresivo sobre la renta. También la Administración Wilson extendió el derecho del voto a las mujeres en 1920.

En esa etapa el Partido Demócrata comenzaría ya a adoptar muchas posiciones progresistas ante la necesidad de ampliar su electorado. Aunque seguiría sin hacer el más mínimo esfuerzo por resolver el "problema negro". Los negros, expulsados por la miseria del Sur y atraídos por la industria del Norte, habían comenzado una amplia migración interior. En otros campos, los excesos internacionalistas del Presidente Wilson llevaron en la década de los años 20 a una reacción aislacionista de los votantes que volvieron a situar a los republicanos en el poder. Las ideas sobre una Sociedad de Naciones preconizadas por Wilson empezaron a asustar a muchos sectores de la sociedad norteamericana que las veía como una amenaza hacia su independencia y libertad.

El periodo Wilson parecía un pequeño oasis en mitad de un largo desierto para los demócratas. Pero tras el crack económico de 1929 y la consecuente Gran Depresión con el aumento espectacular del club de los descontentos, llegaría el gran momento del Partido Demócrata. Alrededor de la figura del carismático Franklin Delano Roosevelt conseguirían construir en los años 30 y 40 una de las coaliciones sociales más potentes y duraderas de la historia de los Estados Unidos. Esa gran coalición estaría conformada por: sindicatos, intelectuales, clases medias liberales, obreros industriales, hijos de inmigrantes (irlandeses, italianos...), minorías religiosas, agricultores y granjeros afectados por la crisis, y los trabajadores blancos pobres (racistas) del Sur. Una coalición singular y heterogénea en la que los sectores intelectuales progresistas de las zonas avanzadas del país compartían con los cada vez más empobrecidos racistas del Sur, el apoyo a los programas de planificación económica promovidos por la Administración Roosevelt.

Franklin Roosevelt utilizó la expansión del protagonismo del Gobierno en la economía nacional para empezar a tejer toda una red que crease relaciones de dependencia entre los programas gubernamentales y los votantes. Por ejemplo, fundando la Seguridad Social o creando empresas públicas estatales encargadas de llevar luz eléctrica a las áreas rurales del país, lo que le garantizaba el voto en masa de los habitantes de esas áreas.

Esta coalición se mantuvo intacta también con Harry Truman, y en los años de Gobierno del republicano Dwight Eisenhower, prácticamente hasta la década de 1960. Aunque ya en 1948 se asistió a un avance de la progresiva desintegración de la coalición. Las generaciones más jóvenes de políticos demócratas comenzaron a mostrar tímidas tendencias antisegregacionistas que ofendían abiertamente a la sección sureña del partido y desencadenaban las rebeliones de los granjeros propietarios sudistas. Ese año, figuras emergentes del partido como Paul Douglas, John Shelley o Hubert Humphrey presionaron para que la plataforma electoral apoyara una firme resolución de apoyo a los derechos civiles, provocando el abandono de las delegaciones de Mississippi y Alabama para formar su propio partido, el Dixiecrat (dixie de Sur). Los dixiecrats acusarían a los nuevos demócratas de intentar a quitarles a los estados todos sus derechos ancestrales y aumentar el control federal sobre sus vidas. La escisión no evitó una nueva victoria demócrata.

La confianza que otorgaba a los demócratas el haber logrado mantener la plaza sureña en las elecciones de 1952 y 1956 contra un rival potente como el General Eisenhower, los llevaría en los años posteriores a reclamar abiertamente el fin de la segregación racial en la plataforma electoral de John F. Kennedy. Confiaban en mantener el voto pobre del Sur. Al fin y al cabo el Partido Republicano había sido la formación anti-sureña que había condenado a los sudistas a la ruina. Creían que nunca confiarían en ellos. Tal era la confianza de los demócratas de Washington DC en su relación con el Sur, que llegaron al punto de pasar por el Congreso la llamada Ley de Derechos Civiles (Civil Rights Act) y conseguir su aprobación en 1964, a pocos meses de una cita electoral. Cuentan que el Presidente Lyndon Johnson, prominente sureño él mismo, vio rápidamente el peligro de la maniobra y advirtió del resquebrajamiento del tradicional pacto entre demócratas y sudistas.

La Ley de Derechos Civiles tuvo un efecto inmediato y dramático en la configuración del mapa electoral de los Estados Unidos. En las elecciones presidenciales de 1964, los demócratas arrasaron con Lyndon Johnson y su programa de reformas sociales conocido como Gran Sociedad, presentada al gran público como una extensión del New Deal de Roosevelt, pero fueron vergonzantemente derrotados en el Sur. Estados sureños que no habían votado republicano desde el Siglo XIX, o alguno de ellos nunca en la historia, votaron en el 64 por un candidato republicano que a nivel nacional apenas llegó al 40% de los sufragios.

A partir de esa fecha comenzaría una larga pesadilla para el partido. Exaltados por la Guerra de Vietnam, afloraron en la sociedad nuevas preocupaciones propias de clases acomodadas como el cuestionamiento de la fuerza militar, el desarrollo de la identidad, la experimentación con las drogas o la sensibilización por el medio ambiente. Era la consecuencia del éxito de las políticas demócratas y el fortalecimiento de la clase media. Las privaciones materiales que habían ayudado a mantener unida a su base electoral, ya eran sólo problemas que afectaban a una minoría de la sociedad.

La gran maquinaria política que el DNC había puesto en marcha para controlar sus votos a través de grandes sindicatos, subvenciones y agencias gubernamentales varias ya no era un mecanismo efectivo. El partido se desangraba. Tiraban de él idealistas e intelectuales de izquierdas, demócratas por ideología por un lado, y archiconservadores culturales del Sur por el otro, demócratas por considerar a estos el partido de la gente trabajadora. Las dos castas que supieron converger en pro de un bien común en los años 30, se distanciaban de acuerdo mayor era el éxito de la vieja coalición y volvían a primer plano los argumentos y las ideas que antes habían quedado apartadas por las necesidades materiales.

Las elecciones presidenciales de 1972 serían la mejor expresión de la pérdida de poder de las organizaciones que habían dominado el debate interno en el partido en las cuatro décadas anteriores. Eran desplazadas por organizaciones de nueva creación que se movilizaban en nombre del anti-militarismo, los derechos civiles de las minorías, la libertad sexual, el feminismo o el aborto. Temas que hasta entonces habían ocupado un lugar marginal en el programa del Partido Demócrata. Asuntos que hasta entonces parecían exclusivos de la comunidad intelectual y académica, ahora eran caballos de batalla de gente corriente.

Sólo la mala prensa de Nixon y sus errores en el caso Watergate parecían dar un respiro al Partido Demócrata. Con los republicanos cargando con el pesado lastre del primer presidente dimisionario de la historia y la vergüenza del escándalo político, los demócratas parecieron recuperar su impulso en el Congreso y más tarde en la Presidencia con la elección de Jimmy Carter. Carter puede ser considerado como una excepción histórica, su ascenso se debió al cansancio general existente con el político profesional, y su ajustada victoria fue en parte gracias a la recuperación parcial del voto rural y evangélico que se sentía inspirado por la historia personal de este cacahuetero baptista de Georgia.

Pero ese era sólo un voto prestado. Carter no había conseguido construir una coalición propia. Sus intentos por actualizar la presidencia de Woodrow Wilson pronto se vieron abortados por la paupérrima situación socio-económica interna, el fracaso de las políticas de planificación, ayuda social y renovación urbana, y la quiebra de los programas gubernamentales de la década anterior, así como por el desgaste del liderazgo mundial de EEUU.

Los republicanos se adelantaron en su denuncia de las deficiencias del sistema imperante en las cinco décadas anteriores, mientras los demócratas quedaron anclados a las decadentes organizaciones sindicales, en la defensa del liberalismo (liberalismo en el sentido anglosajón) tradicional y la confianza ciega en la posibilidad de reflotar tímidos programas sociales que les permitieran volver a reunir un electorado dependiente de alguno de los brazos del Gobierno que ellos controlaran.

En los doce años de Gobierno republicano (1981-1993), el Partido Demócrata parecía haber dejado de ser un partido referente, y haberse convertido en un partido de minorías marginales. Secuestrado en las cuatro paredes de las grandes universidades del Este. Incapaz de llegar al electorado con sus propuestas de gestión de los problemas cotidianos, apelaba a nivel nacional a valores culturales progresistas (aborto, control de armas, dudas sobre la pena de muerte...). A nivel local seguía siendo una organización fuerte también en algunas zonas del Sur o la América Profunda. Esta circunstancia se debía a las diferencias dentro del partido antes mencionadas. Esto hacía posible que, por ejemplo, los estados del Deep South votaran en masa por el republicano Reagan en las presidenciales, al tiempo que elegían Gobernadores demócratas, incluso Senadores, que nada tenían que ver con el aparato del Partido Demócrata instalado en Washington DC.

Así, cuando en 1992 decidieron presentar para una elección general a Bill Clinton, Gobernador centrista del estado sureño de Arkansas, el estado más pobre de la Unión, consiguieron recuperar parte del Sur y el Oeste que en las 3 elecciones anteriores habían perdido por completo. Y, ¿qué hizo Clinton para lograrlo? A la vez que mantenía el apoyo de las minorías consolidando la cultura de la tolerancia, supo volver a atraer a la clase media y a una buena parte de los trabajadores blancos del Sur. ¿Cómo? Declarando que compartía gran parte del ideario republicano, decretando la defunción del Gran Gobierno, y dejando a estos sin un mensaje diferenciado; demostrando que el Partido Demócrata podía cubrir todo el espectro político norteamericano, incluído el Nuevo Sur, identificándose de nuevo con el ideal jeffersoniano adaptado a la primacía de la cultura popular, y garantizando que podía asumir cualquier proyecto no demócrata sin prejuicios cuando sus proyectos fuesen rechazados.

Aunque paradójicamente, coincidiendo con los triunfos electorales del Presidente Clinton, el partido perdió posiciones en el Congreso. Esto se debía a que el liderazgo demócrata nacional, especialmente en las cámaras legislativas y los centros de poder paralelos de Washington DC, seguía monopolizado por los demócratas "clásicos" que controlaban la agenda del partido, cada vez menos, y la gente no estaba dispuesta a que con una mayoría en el Congreso, ese partido que ya no les gustaba tuviera más poder que el presidente que sí les gustaba porque no lo identificaban tanto con la reciente trayectoria del partido que lo cobijaba. La pérdida de las dos cámaras del Congreso por primera vez en 50 años, era un gesto de censura a esa casta burocrática elitista y corrupta en la que se había convertido la delegación congresional demócrata.

Muchos consideran la presidencia de Bill Clinton una excepción que fue posible gracias a la división en la derecha que desembocó en la candidatura independiente del populista Ross Perot. A partir de ahí habría sido su talento natural para los malabarismos lo que le habría permitido mantener un electorado corto pero fiel. Un paréntesis más "clintoniano" que "demócrata". En parte esto podría ser cierto si observamos que, tras su retirada, ningún demócrata ha sido capaz de llevarse ni un solo estado incluido en la zona de influencia de la cultura conservadora.

El Partido Demócrata no ha sabido utilizar el aprendizaje de Clinton como hoja de ruta para el futuro y no ha renunciado a seguir profundizando en su identificación con las élites culturales y sociales del Noreste. Se ha ido consolidando con fuerza en zonas periféricas del país, Noreste o Costa del Pacífico, y más tímidamente en la región de los Grandes Lagos. Pero hablando del control de la libre posesión de armas de fuego, o convirtiendo el matrimonio homosexual en tema central de su ideario, se ha alejado de los votos que en su caso marcan la diferencia entre la victoria o la derrota nacional. En su favor hay que decir que sí han abrazado en gran medida la bandera de la contención del gasto y la limitación del Gobierno. Han caminado hacia la idea de que el crecimiento no sólo es compatible con el bienestar social, sino que ambos se necesitan.

En definitiva, el Partido Demócrata fue en el siglo XIX y parte del XX, el partido contrario al poder centralizado, y representante de los sectores más replegados hacia sí mismos del Sur y el Oeste. Fue además el partido de los hombres blancos de los estados pobres, con estrechos vínculos con el primer y segundo Ku Klux Klan. Todo giraba alrededor del concepto "derechos de los estados" frente al poder central siempre dispuesto a acaparar mayor poder de intervención sobre la legislación de los estados. Por ello su fortaleza estaba en las zonas más "outsiders" o rebeldes de la Unión.

A partir de mediados del XX, ese partido se iría transformando en un partido mucho más progresista, con verdadera fe en el poder del Gobierno federal para imponer programas sociales como el New Deal o la Gran Sociedad para hacer avanzar a la gente. Se apuntaría grandes éxitos que reflotaron a la sociedad norteamericana. Pero precisamente sería el éxito y la desaparición del "proletariado" y los desfavorecidos lo que lo conduciría a una excesiva identificación con el progresismo de escritorio de Harvard-Yale y al alejamiento de la forma de vida, preocupaciones diarias y tradiciones de una parte del americano medio que antes era fiel al partido.

Ese americano medio detesta con pasión el esnobismo intelectual y las pretensiones basadas en supuestas superioridades sociales y culturales que han invadido el aparato del Partido Demócrata. En este punto, el partido puede aspirar a grandes victorias ocasionales con programas y candidatos concretos en momentos puntuales, pero está lejos ya de sus años gloriosos. Aquellos en los que una persona era demócrata de forma automática sólo por tener el carnet del sindicato, por vivir mejor gracias a las subvenciones del estado protector, o simplemente por ser blanco y vivir en Alabama.

PostData: próximamente "El GOP ayer y hoy" sobre la evolución histórica del Partido Republicano.

jueves, 26 de julio de 2007

"Hair"

El último y original anuncio de la campaña de John Edwards. Se burla de quienes hablan de sus caros cortes de pelo, recordándoles que hay cosas más importantes de las que debatir. Una buena idea. Debieron haberla tenido antes.

martes, 24 de julio de 2007

El mismo debate de siempre

Anoche se celebró el tan publicitado debate demócrata organizado por la CNN y Youtube, en la que los candidatos tuvieron que responder a una selección de preguntas grabadas en video por ciudadanos anónimos para el famoso portal de Internet. Lo mejor del debate el moderador, Anderson Cooper. Pasó totalmente desapercibido. Lo peor, lo de siempre, el formato y las reglas del debate. Por muchos elementos novedosos que se quieran incluir en la formulación de las preguntas o en la realización televisiva, el debate a ocho bandas siempre te deja con la sensación de haberse desaprovechado tres cuartos del tiempo utilizado para debatir.

Pocas conclusiones nuevas se pueden extraer. Hillary estuvo, una vez más, mejor que el resto. Bien entrenada, con oratoria segura y los conceptos bien ordenados en la cabeza y en la lengua. Obama sigue transmitiendo cierto desasosiego, empeñado en decir mucho en poco tiempo y buscando sin éxito la manera de descubrir algo que a Hillary se le hubiera olvidado comentar en el turno anterior. Siempre va a remolque. Y para colmo, se le ocurre decir que el Presidente de los Estados Unidos debe hablar con los líderes de Irán, Siria, Venezuela, Cuba o Corea del Norte.

Seguramente, a no ser que carezca de sentido de la realidad, no se refiriera en concreto a cumbres bilaterales del Presidente con esos líderes, pero es esa la idea que le queda en la mente al espectador. Frente a esas respuestas timoratas, Hillary ofrece la imagen de la líder que difícilmente sería engañada ni engatusada por ningún encantador de serpientes internacional, y que además podría tener la "suerte" de no ser demasiado apreciada por algunos indeseables autócratas árabes por el hecho de ser una mujer que viste de rosa y con pantalones.

El debate se celebró en Carolina del Sur, estado en el que según las últimas encuestas, la Senadora Clinton supera a Obama en 14 puntos. No creo que esa ventaja corra peligro después de lo visto ayer. Hillary siempre será más convincente que sus rivales en cualquier debate que acoja a tantos aspirantes esperando su turno. El formato de ocho candidatos tratados en igualdad de condiciones, le permite a Hillary hablar poco y bien, y evitar el cuerpo a cuerpo con un rival directo que la atosigue. Siempre saldrá bien parada de estos debates. Pero no conoceremos la verdadera dimensión de su talento para el debate hasta que se enfrente a un rival, sólo uno, que cuestione todas y cada una de sus palabras.

PostData: Mención especial para Joe Biden. Como siempre.

Video: Parte 1 / Parte 2 / Parte 3

lunes, 23 de julio de 2007

Conversando con Hillary

La Senadora Hillary Clinton explica a un grupo de Iowenses, Iowanos o Iowarras (Iowans en inglés) sus planes para Iraq.

sábado, 14 de julio de 2007

Hillary y Edwards pillados in fraganti

Después de un foro demócrata organizado por la NAACP en Detroit, los candidatos Hillary Clinton y John Edwards fueron captados sin saberlo por los micrófonos de la Fox mientras hablaban de la necesidad de restringir la participación en foros y debates a algunos de sus colegas demócratas.

Edwards se acerca a Hillary y le comenta que "deberíamos tener un grupo más serio y limitado”, a lo que la Senadora responde "hay que reducir el número" porque considera que "no es serio" que haya tantos participantes. Johnny no quiere que los freakys le coman el mensaje por la izquierda.

jueves, 28 de junio de 2007

Edwards vs. Coulter

Todo empezó cuando Ann Coulter, la famosa columnista conservadora, comentó en televisión que deseaba que John Edwards fuese víctima de un acto terrorista. Esta afirmación, sacada de contexto si tenemos en cuenta en qué circunstancias lo dijo (en respuesta a unas palabras del comediante Bill Maher, quien dijo que si Dick Cheney hubiera sido asesinado por los terroristas, no hubiera muerto tanta gente en Iraq), provocó que al día siguiente la mujer del candidato Edwards llamase en directo al programa Hardball de MSNBC para criticar a Coulter.

El caso es que los Edwards están aprovechando muy bien este enfrentamiento con uno de los personajes más odiados entre las bases más activas del Partido Demócrata. Saben que meterse con Coulter puede ser un auténtico filón para rascar votos en unas primarias demócratas. Es el blanco perfecto. Un ogro para la América liberal. Un "hombre del saco" atractivo con mucha presencia en todos los medios de comunicación de masas. La campaña de Edwards ya ha comenzado a enviar e-mails y mensajes telefónicos utilizando los ataques de Coulter para pedir dinerito y contribuciones. Coulter's Words Help Edwards Raise Cash



miércoles, 27 de junio de 2007

Ofensiva televisiva de Obama en Iowa

Barack Obama ha lanzado sus dos primeros anuncios por televisión en Iowa. Siguiendo la tradición, estos primeros comerciales de carácter biográfico, pretenden presentar al candidato ante los votantes, y comprobar así si gusta o no gusta. En los sondeos de las próximas semanas veremos el probable efecto de esta campaña de anuncios.

En uno de ellos, titulado "Choices", de un minuto se duración, se alaba al Senador por haber decidido dedicarse a las actividades comunitarias, rechazando suculentas ofertas para incorporarse a prestigiosas y caras firmas de abogados. También se recuerda que fue el primer presidente negro del Harvard Law Review cuando estudiaba en esa universidad.



En el otro, titulado "Carry", de 30 segundos, se repasa la labor de Obama en la Asamblea Estatal de Illinois como impulsor de nueva legislación ética o de la expansión del sistema de salud, destacando su inclinación por trabajar en busca del consenso bipartidista.

lunes, 25 de junio de 2007

Las dos Américas de Edwards

El ex Senador John Edwards ha retomado este fin de semana en Reno, Nevada, el discurso de "las dos Américas" que ya utilizó como tema central de su campaña presidencial en 2004. Es un discurso que agrada. Con referencias al sueño americano que merece ser probado por todos, el derecho a tener éxito a través del esfuerzo y los méritos propios, en definitiva, el reclamo de oportunidades para todos. El populismo gusta.

miércoles, 20 de junio de 2007

Celine Dion cantará para Hillary

Team Hillary ya ha revelado cual será el tema (musical) central que acompañará la campaña de la Senadora. "You and I" de Celine Dion. Es el resultado del concurso que convocaron en internet para que los internautas fuesen quienes eligieran la canción... a riesgo de que eligieran una poco a propiada, como en mi opinión ha ocurrido. La canción elegida se ha impuesto a otras como "You are still the one" de Shania Twain, "Don't look back" de The Temptations, "Suddenly I see" de KT Tunstall, o "I'm a believer" de Smash Mouth.

Para descubrir cual sería su himno de campaña, los chicos de Hillary han realizado un original video que recrea las escenas finales del último capítulo de la serie "Los Soprano" que se emitió reciéntemente en Estados Unidos. La candidata espera en un restaurante a que lleguen su marido y su hija, mientras trata de decidir qué canción poner en el jukebox. Tanto pensárselo para terminar poniendo una de Celine Dion. Ver para creer.

Echemos un vistazo a los precedentes. Algunas canciones utilizadas por campañas ganadoras en el pasado han sido "Only in America" de Brooks & Dunn, utilizada por Bush en 2004; "Don't Stop" de Fleetwood Mac, utilizada por Clinton en 1992; "This Land Is Your Land" de Woody Guthrie o "La Bamba" de Los Lobos, utilizadas por Bush en 1988; o "Born in the USA" de Bruce Springsteen, utilizada por Reagan en 1984. Veremos si esta de Celine Dion tiene gancho, o pasa sin pena ni gloria.

jueves, 14 de junio de 2007

Spielberg apuesta por Hillary

Lo anunció la campaña de Hillary como si se tratara del apoyo de un aclamado ex Presidente o un reconocido heroe nacional. Coincidiendo con el 25 aniversario del estreno de ET, una película que marcó a más de una generación, incluída la mía, nos dicen que el Rey Midas de Hollywood se ha decantado al fin por la opción "Hillary for President". ¿Algún sorprendido? Lo dudo. Spielberg ya fue un buen apoyo para el marido de la candidata en los años 90, aunque en 1992 pidió el voto por el republicano Bush.

Por cierto, colocaron la noticia en la nueva Web que acaba de estrenar Team Hillary. Se llama HillaryHub.com y es un agregador de noticias al estilo del Drudge Report. Con la diferencia, claro está, de que las noticias escogidas son aquellas que favorecen a la Senadora o perjudican a sus potenciales rivales.

miércoles, 13 de junio de 2007

Cena con Barack Obama

Cualquier persona que haya donado dinero a la campaña presidencial del Senador por Illinois, sin importar la cantidad con la que que haya contribuido, puede entrar en el sorteo que regalará "una cena para cinco". Cuatro contribuyentes anónimos mas el candidato. Los afortunados serán conducidos hasta Chicago, donde podrán conocer personalmente a Obama y hablar con él mientras cenan en algún restaurante. Lo que no sabemos es si pueden elegir menú.

Aparte de ser originales y llamar la atención después de que su campaña haya perdido en las últimas semanas el brillo inicial, con esta iniciativa quieren lanzar un mensaje a sus seguidores de todo el país. No sólo los que pagan entradas de 2,000 dólares para asistir a lujosas cenas de apoyo al candidato tienen acceso a él. Obama también está abierto a ti, don nadie.

martes, 12 de junio de 2007

Hillary avanza en NH

Fue tan evidente que a nadie sorprende. Decíamos la semana pasada que Hillary Clinton se había comido a todos sus rivales en el último debate demócrata celebrado en New Hampshire. Ahora, la última encuesta de la CNN viene a confirmarlo con sus números. Hillary habría aumentado considerablemente su intención de voto entre los votantes del estado. En lo que hasta hace poco parecía una carrera cerrada, ha abierto una brecha que les costará cerrar a Obama y Edwards.

(...) In early April, New Hampshire Democrats were all over the place. The front-runners -- Sen. Hillary Clinton, D-New York; Sen. Barack Obama, D-Illinois; and former Sen. John Edwards of North Carolina -- were closely matched. Clinton was at 27 percent, Edwards was at 21 percent and Obama was at 20 percent. It was essentially a jump ball.

Who jumped highest after the debate? Clinton. According to a new CNN/WMUR poll of New Hampshire Democratic primary voters released Monday, the New York senator has surged into the lead, with 36 percent support. Obama has held fairly steady at 22 percent, while Edwards has lost support. He's now at 12 percent. (...)