jueves, 16 de octubre de 2008

El termómetro de Halloween


Estamos a sólo quince días de la mejor noche del año, la noche de brujas, y es hora de recordar que la venta de máscaras de Halloween ha sido tradicionalmente un método bastante efectivo para vaticinar los resultados electorales. Desde 1980, el candidato cuya máscara se ha vendido más antes de la noche de Halloween, ha terminado ganando las elecciones. Aunque en realidad en 2000 no fue así: Bush derrotó a Gore en venta de caretas por un contundente 57% frente a 43%, pero ocho días después Gore ganó el voto popular, que es lo que supuestamente indica este termómetro, aunque perdiera el voto electoral.

Este año, el Senador Obama se mantiene sin dificultades en cabeza. A día de hoy cuenta con una ventaja de diez puntos, según el termómetro de la web de disfraces buycostumes.com, el más fiable, que hace su cálculo basándose en las ventas online, las de su cadena de tiendas Halloween Express, y las de los grandes distribuidores del país. El termómetro de Amazon da ocho puntos de ventaja a Obama, lo que representa una caída respecto a los catorce puntos de ventaja que tenía la primera semana de octubre. No es un método científico, pero puede tener su lógica. Al fin y al cabo son votantes típicos de clase media los que más acostumbran a comprar estas cosas. Aunque las casas de ventas también aprovechan el tema para estimular a los seguidores de los candidatos a comprar más de una máscara, en la ilusión de que eso va a ayudar a que su hombre gane las elecciones.

El 31 de octubre es la fecha límite y, según la tradición, el mayor número de ventas se produce en las dos últimas semanas. Pero ojo, en esto de la venta de máscaras tampoco falta quien advierte de una especie de sucedaneo del efecto Bradley: esta teoría sostiene que al suponer Obama una evidente novedad cosmética en la carrera, al ser el primer candidato que proporciona una máscara de color negro en la historia electoral, hace mucho más atractiva su venta para los fetichistas. La estética de Obama es parte esencial de su estrategia, mientras que para McCain su cara es el último de los factores que lo ha colocado donde está.

Estos son los antecedentes, según los cálculos de buycostumes.com. Como no podía ser de otra manera, todavía nadie ha logrado igualar o superar la marca del Presidente Reagan:

1980: Reagan 60% - Carter 40%

1984: Reagan 68% - Mondale 32%

1988: Bush 62% - Dukakis 38%

1992: Clinton 41% - Bush 39%

1996: Clinton 56% - Dole 40%

2000: Bush 57% - Gore 43%

2004: Bush 53% - Kerry 47%

6 comentarios:

francisco dijo...

Tambien hay que tener en cuanta las caras. La cara de Reagan era verdaderamente comica, la de Mondale era normal.

La extraordinaria frente de Bush padre era increible.

Clinton tenia cara de muppet y eso vende.

Gore ya tenia sus muñecos y cosas hacia 20 años y era un agobio.

Lo que si es raro es que Kerry con esa cara de mascara no venda, eso fotalce la de que gana en ventas el que gana. Aparte habia gente que tiene la cara de Bush de 4 años antes.

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

Mondale tenía cara de buho.

Reagan tenía una gran sonrisa. Eso es lo que vende. La sonrisa congelada. Aunque Carter también tenía una gran sonrisa, y una boca enorme.

Yo tuve de niño la máscara de Reagan, y el muñeco elástico que salió. Aún lo conservo.

Cornelio Sila dijo...

Conocía ese curioso detalle de las supersticiones políticas americanas gracias a un sketch de Gomaespuma cuando las elecciones de 2004.

Jordi Coll dijo...

Te lo compro. xD

Antxon Garrogerrikabeitia dijo...

No está en venta. :D La máscara ya no la tengo. Tengo el muñeco, está un poco desgastado ya, tenía el pelo negro, pero ya lo tiene gris, ha perdido color. Lo que nunca le pasó a su pelo xD

Por cierto, el pelo de Reagan merecería un artículo. Tenía pelo de mujer, muy cerrado hasta las sienes, incluso con 90 años. Debía tener falta de enzima 5-alfa-reductasa y testosterona o no sé. Qué envidia. Y a mí con 26 años ya me están saliendo entradas xD

Jordi Coll dijo...

Jaja! Sí, tenía una melena espectacular. Hacia el final de su mandato se lo teñía menos.