viernes, 12 de diciembre de 2008

William Casey: Director de la CIA (1981-1987)


William Joseph Casey (n. 13 de marzo, 1913 - m. 6 de mayo, 1987) Abogado y espía estadounidense. Fue Director de la Agencia Central de Inteligencia (1981-1987).

Origen y formación

Nació en una familia católica de Long Island, Nueva York. En 1934 se graduó por la Fordham University, y más tarde atendió la Escuela de Leyes de la St. John's University. Tras graduarse en Derecho, se unió al Research Institute of America, un centro privado de investigación y desarrollo del mundo de los negocios, llegando a alcanzar la presidencia de la junta de editores del instituto.

Segunda Guerra Mundial: oficial de la OSS en Europa (1941-1945)

Durante la Segunda Guerra Mundial, se unió al staff del Mayor General William J. Donovan, fundador y jefe de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS). Empezó como asistente administrativo del Coronel David K. E. Bruce. Asignado al teatro europeo, Casey recibió la Estrella de Bronce por su trabajo de coordinación de las fuerzas de la resistencia francesa en apoyo de la invasión de Normandía y la liberación de Francia.

A finales de 1944, sustituyó a Paul Helliwell como jefe de operaciones secretas de Inteligencia de la OSS en Europa, dirigiendo a los espías continentales desde las oficinas de la OSS en el Grosvenor Street de Londres. Y terminada la Guerra, sirvió como consejero general asociado en el cuartel general europeo para la aplicación del Plan Marshall (1947-1949).

Abogado y oficial del Gobierno de EEUU (1949-1981)

Volvió a los Estados Unidos en 1949. Hasta 1962 dio clases de Derecho Fiscal en la Universidad de Nueva York, escribió libros sobre leyes y finanzas, e invirtió su dinero hasta amasar una considerable fortuna. Entre 1957 y 1971 también practicó la abogacía en una firma legal neoyorquina dedicada al derecho societario, donde coincidió con el ex presidente del Comité Nacional Republicano Leonard Hall, y participó en varias publicaciones.

El Presidente Richard Nixon lo nombró presidente de la Comisión Supervisora del Mercado de Valores y Materias Primas (SEC) en 1971. De allí pasó al Departamento de Estado como Subsecretario de Estado para Asuntos Económicos (1973-1974), hasta que el Presidente Gerald Ford lo seleccionó para presidir el Banco de Importación-Exportación (Eximbank). También sirvió en el Comité de Asesores de Inteligencia del Presidente Ford, en 1976.

En 1977 volvió al sector privado, a trabajar como abogado para la firma Rogers & Wells en Nueva York y Washington DC. En 1978 fue uno de los co-fundadores del International Center for Economic Policy Studies, más tarde llamado Instituto Manhattan, un think tank conservador dedicado a impulsar proyectos continentales para encauzar las acciones de los cuerpos de Seguridad e Inteligencia hacia la defensa del capitalismo.

Jefe de la campaña presidencial de Reagan (1980)

En 1979 ejerció de recaudador de fondos para la campaña presidencial del Gobernador Ronald Reagan en la Costa Este hasta que, tras la derrota del candidato en el Caucus de Iowa, se convirtió en su campaign manager en sustitución de John Sears. Cuando Reagan aseguró la nominación, Casey fue uno de los pocos hombres de su equipo electoral que abogó en favor de la selección de George Bush como su running-mate.

Casey contrató para la campaña a antiguos oficiales de la CIA, y a disidentes del Consejo de Seguridad Nacional de la Administración Carter, que reportaron abundante información privilegiada para enfrentar al Presidente Carter. También recibió filtraciones de funcionarios de la CIA en activo, descontentos con el trato de Carter hacia la Agencia.

Lo que más temía Casey era que la Casa Blanca de Carter lograse un acuerdo de última hora con el Gobierno iraní para liberar de forma pacífica a los rehenes estadounidenses secuestrados en Teherán. Habían llegado a sus oídos informaciones que indicaban que estaba a punto de cerrarse un trato con las autoridades iraníes para liberar a los rehenes la última semana de octubre. Eran buenas noticias para las ambiciones reeleccionistas de Carter, y malas para los intereses electorales de Reagan.

Según Barbara Honegger, integrante del equipo electoral de Reagan-Bush, William Casey y otros representantes de la campaña, en concreto Richard Allen y Donald Gregg, participaron en dos tandas de reuniones con representantes iraníes, primero en verano en el Hotel Ritz de Madrid, y después entre los días 19 y 20 de octubre en los hoteles Raphael, Crillon y Florida de París.

El objetivo habría sido asegurarse de que la liberación de rehenes no tuviera lugar antes de las elecciones presidenciales, aprovechando que Irán -en guerra con Iraq desde septiembre de ese año- necesitaba desesperadamente equipamiento para sus fuerzas armadas y podía pensar que un cambio en la Casa Blanca podría llevar a acuerdos más beneficiosos para sus intereses.

Director de la CIA (1981-1987)


En la imagen: el Presidente Ronald Reagan y William Casey en 1981.

En 1981, el nuevo Presidente Ronald Reagan nombró a William Casey Director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Se convirtió en el primer Director de la CIA con rango de oficial del Gabinete Presidencial, una primera señal de la importancia que la nueva administración quería otorgar a la Agencia. Pero además de liderar la Inteligencia, Casey, junto a la Embajadora Jeanne Kirkpatrick, ejercería oficiosamente como "ministro de ideología" de toda la política exterior del Presidente Reagan.

Bajo la influencia de Casey, en la primera política exterior de Reagan se observó una marcada tendencia hacia la privatización de la actividad diplomática, que empezó a articularse a través de circuitos privados o secretos ajenos al cuerpo profesional del Servicio Exterior. La estrategia se concretaría con la creación de organizaciones no gubernamentales como la National Endowment for Democracy (NED), utilizadas para maniobras de penetración exterior vinculadas a la transmisión de ideas, y el reclutamiento y entrenamiento de futuros líderes de países extranjeros.

Casey era parte de "la familia" que se había formado en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en los años cuarenta, y relanzó la CIA al estilo de los años cincuenta y sesenta, cuando sus excesos en las operaciones clandestinas provocaron numerosos escándalos que conducirían en los setenta a la aprobación de leyes restrictivas sobre sus actividades. Reclutó formal o informalmente a los viejos agentes de operaciones encubiertas, volvió a dar prioridad a la Inteligencia Humana, y convirtió el desarrollo de tramas de intercambio de materiales y servicios con agentes comerciales privados en un factor básico de la articulación de estrategias políticas a espaldas del Departamento de Estado.

Afianzó las relaciones con los servicios de Inteligencia de estados del Medio Oriente para involucrarlos en operaciones anti-terroristas que la CIA no pudiera ejecutar. Fue el caso de su estrecha colaboración con Akhtar Abdur Rahman, Director del ISI pakistaní, en la asistencia encubierta a los muyahidines afganos para procurar la derrota militar soviética en Afganistán. O el compromiso que logró imponer a los servicios saudíes para eliminar al terrorista chií Hussein Musavi, que terminó en fracaso al estallar la bomba sin herirlo y dejando en cambio 80 muertos.

Todo ello formó parte de una guerra encubierta de proporciones multicontinentales, con una serie de operaciones clandestinas ideadas para desestabilizar a gobiernos vinculados a la Unión Soviética alrededor de todo el mundo: Nicaragua, Angola, Afganistán, Irán, Mozambique, Cuba o Europa del Este. La misión de la CIA era ejecutar ataques a la periferia soviética utilizando a agentes mercenarios o fuerzas locales debidamente entrenadas, dentro de una estrategia coordinada en la que el Pentágono se encargaba de desatar la carrera armamentística destinada a obligar a los soviéticos a gastar costosos recursos.

A la CIA le correspondió también dar cobertura a la exageración de datos de la Administración para lograr más dinero para el presupuesto de Defensa. Casey encargó un cálculo manipulado de Inteligencia donde se señalaba que la ventaja de la URSS sobre EEUU en gastos militares alcanzaba los 420,000 millones de dólares, cifra que sería desmentida por las estimaciones independientes.

Y encabezó la campaña para desacreditar a la ONU lanzando la sospecha de que el ex Secretario General Kurt Waldheim había comprado el silencio de los rusos en el escándalo sobre su pasado Nazi, a cambio de otorgarles facilidades orgánicas para infiltrar agentes de Inteligencia soviéticos en la misión diplomática de la URSS en la sede de la ONU, en Nueva York.

Guerra encubierta contra Nicaragua

En 1981, el Presidente Reagan firmó la Directiva 17 del Consejo de Seguridad Nacional que posibilitó a la CIA de Casey empezar con el minado de los puertos nicaragüenses, el equipamiento de los ejércitos de Honduras, Guatemala y El Salvador, y el entrenamiento del brazo armado de la oposición contra el Gobierno sandinista de Nicaragua.

La CIA convirtió Honduras en un gendarme regional para Centroamérica. La Embajada de EEUU en Tegucigalpa se transformó en una de las embajadas más dotadas, y en una de las principales estaciones de la CIA en el mundo, con 150 funcionarios diplomáticos y un total de 600 empleados. Honduras reunía ventajas estratégicas por su posición geográfica entre Nicaragua y El Salvador, y comodidades políticas por la falta de una oposición izquierdista fuerte y organizada.

Un tratado especial de cooperación permitía el estacionamiento de una unidad de inteligencia militar norteamericana en Honduras, el 225 batallón de Georgia, y una escuadrilla de aviones-espía OV-I Mohawk, además de los 350 especialistas en procesamiento de datos que trabajaban en la Embajada estadounidense en Tegucigalpa, y los 80 especialistas del centro de Isla del Tigre que vigilaban el posible paso de armas de Nicaragua a la guerrilla salvadoreña.

Desde allí comenzó a ejecutarse la intervención encubierta en Nicaragua mediante mercenarios y guerrillas locales especializadas en operaciones de sabotaje, y compuestas por antiguos soldados somozistas entrenados en campos hondureños, que serían conocidos como los grupos "contras". Estos grupos estarían bajo el mando de Duane Clarridge, un alto oficial de la CIA que contaba con la total confianza de Casey.


En la imagen: William Casey habla con el Presidente Reagan en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en 1983.

Escándalo Iran-Contras y muerte

En noviembre de 1986, el diario libanés 'Al Shiraa' destapó el escándalo Irangate (Irán-Contras): durante 18 meses, Washington había mantenido tratos confidenciales con Teherán para que intercediera ante la organización chiita Hezbollah, que mantenía secuestrados a seis estadounidenses en Líbano. Las negociaciones secretas se habían concretado en seis embarques de armas norteamericanas por valor de cien millones de dólares, entre agosto de 1985 y octubre de 1986. Y el dinero obtenido fue a parar de forma irregular a cuentas secretas de los Contras.

El caso se convirtió en un arma política utilizable que sirvió para descabezar parte de las tramas que habían operado al amparo de la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional, y volvió a colocar a la Agencia, que creía haber recuperado el esplendor perdido, en el punto de mira de investigaciones legislativas y periodísticas que limitarían su poder. Los procesos a pilotos sorprendidos con drogas y con cargamentos ilegales de armas empezaron a llenar las cabeceras de los periódicos. Y empresas tapadera de la CIA, aparecían implicadas en la mayoría de procesos, con pilotos veteranos de Vietnam y mercenarios contratados por las redes orquestadas por la CIA.

William Casey sería considerado el principal arquitecto de la operación, pero el 16 de diciembre de 1986, un día antes de tener que testificar ante el Comité de Inteligencia del Senado, sufrió un ataque cerebral que le paralizó y le dejó sin habla. Tuvo que ser internado de urgencia en un hospital en Washington DC para practicarle la extirpación de un tumor cerebral maligno. Tras la intervención quirúrjica en el lado izquierdo de su cerebro, no llegó a recuperar nunca completamente sus funciones cerebrales, ni a articular palabra.

Debido a su incapacidad física, dejó la dirección de la CIA en enero de 1987, y murió cuatro meses después en el hospital Glen Cove de Nueva York, a los 74 años de edad. El Juez Lawrence E. Walsh estableció después que, "hay evidencias de que Casey jugó un papel a nivel de Gabinete en el montaje de las redes encubiertas para suministrar a los Contras durante el recorte de la Enmienda Boland, y en la promoción de las ventas secretas de armas a Irán en 1985 y 1986."