jueves, 22 de marzo de 2007

The campaign goes on

"The campaign goes on". Cuando todos dábamos por hecho que John Edwards anunciaría la suspensión temporal o definitiva de su campaña, y yo empezaba a escribir un artículo sobre lo que suponía su salida de la carrera, nos ha dejado a todos en cuadro. Ha aparecido el ex senador con traje azul y corbata roja, acompañado de su mujer, para anunciarnos que continuará con la campaña a pesar de que a Elizabeth se le ha reproducido el cáncer que padecía. El tumor es de pequeño tamaño y será tratable, aunque no curable. Aquí está el video de la rueda de prensa (Real Player).

En el blog de Ben Smith, en The Politico, ya anunciaban el abandono de Edwards. Al igual que en el Breaking News de la CNN. Al final todos han tenido que pedir disculpas por la metedura de pata. Aquí en Chapel Hill, las malas lenguas ya habían empezado a decir que este movimiento podría ser debido a que la próxima semana se publicarán las cantidades de dinero que los candidatos han conseguido recaudar hasta el momento en estos 3 primeros meses del año. Las cifras de Edwards estarían por debajo de las expectativas, y eso, unido a que no logra despegar en las encuestas, podría llevarle a tomar la decisión de abandonar para evitar el mal trago de ver que los líderes de opinión no se tomen en serio su candidatura.

Yo no compartía esta opinión, ya que considero que Edwards tiene a su disposición algo fundamental, redes políticas que llevan en funcionamiento más de 2 años en estados como Iowa o New Hampshire. Una maquinaria electoral heredada de su campaña de 2004, que le hace mantener esperanzas de ganar en alguno de esos estados y resituarse en la carrera como la verdadera alternativa a Hillary.

Jontxu el de Lekuberri, otro de los vascos de Chapel Hill que me están acompañando estos dos días aquí, me ha lanzado hace un par de horas -cuando se pensaba que Edwards se retiraría- la gran pregunta que ya se hacían muchos. ¿Qué impacto tendrá la retirada de Edwards en la batalla que se traen esos dos candidatos demócratas? ¿Qué harán los que apoyaban al Senador Edwards? Le he respondido que no hay que fijarse mucho para ver que la lucha entre los demócratas está planteada a tres bandas que en realidad son dos. Dos candidatos que se parecen mucho entre sí -Hillary y Obama-, y un tercero que representa la alternativa ante tanta igualdad -Edwards-.

Hillary y Obama representan cierta imagen de modernidad asociada al vacío de ideología, demócratas pragmáticos y centristas que no pueden evitar resultar algo oportunistas y ambiguos. Una fórmula que se asemeja a la representada por John Kerry hace 3 años. Edwards, por su parte, juega el papel del demócrata tradicional, representante de la clase trabajadora, vinculado al poder de los sindicatos, al desarrollo de grandes programas federales, a la vieja filosofía liberal. Hillary es el establishment; Obama es el "good feeling"; Edwards es el populismo progresista, el "labor democrat".

Es complicado que, en caso de tener que apoyar a otro candidato, quienes apoyan a Edwards se sientan fácilmente atraídos por Hillary u Obama. Es difícil saber a quién pueden aborrecer más, a la élite o al impostor. Ven en Hillary a la candidata inevitable y en Obama al candidato que, sin apenas mensaje, arrebató la posición de "under dog" a Edwards. Obama se ha convertido en alternativa a Hillary aportando novedad sólo en los códigos estéticos.

Esto hace posible que un supporter de Obama pueda pasarse sin mucho esfuerzo a apoyar a Hillary en cuanto su candidato flojee un poco. Y viceversa. Alguien que apoya a Edwards en cambio, sería más resistente al transfuguismo ante condiciones adversas para su candidato. Es algo que me han repetido muchos partidarios de Edwards estos días. Entre ellos Ted Oleagagogeaskoa, un trabajador de la industria textil, asiduo de la Euskal Etxea de Chapel Hill.

John Edwards ostenta el título de "darling" de los sindicatos. Uno de mis empeños estos días ha sido cuestionar a gente como Ted Oleagagogeaskoa si estarían dispuestos a apoyar a otro candidato si ven que Edwards no termina de despegar. Todos ellos demuestran fidelidad por Edwards y coinciden en que ninguno de los otros precandidatos menores que ya está dentro, parecen cumplir las condiciones para asumir el rol de Edwards en el futuro. Algo en lo que yo coincido con ellos. Pero tal vez haya que mirar hacia dos hombres que de momento no han entrado en la carrera: Wesley Clark y Al Gore.

Hablé de Clark hace unos pocos días. Políticamente podría cubrir bien el espacio del populismo progresista que en el que se mueve John Edwards. Con el añadido de su experiencia militar e inagotable credibilidad en el debate sobre cuestiones de seguridad nacional, punto débil de los otros aspirantes demócratas. Pero no es un político profesional. Para él, el escenario ideal sería ser nominado sin tener que hacer campaña. Esa no es la predisposición que se espera de un candidato competitivo.

La opción Gore se apoya en la experiencia histórica. En una especie de re-edición de la conocida "estrategia Nixon". Pero en este caso en el lado demócrata. Richard Nixon pierde las elecciones en el 60, cuando es el vicepresidente en ejercicio y es visto como un moderado. En el 64 no se presenta y, para sorpresa de muchos, apoya al radical Goldwater en las primarias y eso hace que en el 68 tenga el favor de la extrema derecha, que, unido a su imagen de moderado pragmático, le hace ganar la nominación en una sorpresiva resurrección política...

La jugada de Gore habría empezado en 2004 apoyando a Howard Dean, ganándose así el favor y la simpatía de los grupos de intereses de izquierdas que controlan gran parte del proceso de primarias. Eso unido a su imagen de candidato serio con experiencia en la administración y el Congreso, lo situaría en una posición de salida inmejorable para las internas demócratas de 2008.

Por el momento sigue John Edwards. Pero si en el futuro ve incompatible el desarrollo de la campaña con la enfermedad de su mujer, y se ve obligado a abandonar la carrera, incluso por falta de fondos, se abriría una autopista única para Al Gore. Una autopista que hace unas horas parecía abierta. Tal vez ese sea el estímulo que necesita el ex vicepresidente para lanzarse a la carrera. Hasta ahora no ve lugar.

Será mejor que ya me vuelva para Nashville. Estoy agotado. Me quedaré un rato a charlar con la gente que anda por aquí diciendo que Edwards siempre fue muy dado a este tipo de golpes de efecto para volver a situar su nombre en primera página y abriendo los informativos. Veremos si existe o no un "efecto Elizabeth Edwards" en las encuestas que salgan próximamente. De momento lo que sí ha conseguido es que yo le haya dedicado más tiempo del que tenía pensado dedicarle estos dos días. Puede que eso refleje a pequeña escala lo que se buscaba.

1 comentario:

Juan dijo...

Este tio no gana.

Lo que toca ahora es good feeling :)