La primera semana de diciembre me hablaron por primera vez de un tal Scott Brown. El pobre incauto que iba a ser sacrificado en una carrera sin interés por cubrir la vacante de Ted Kennedy en el Senado. Por unos minutos me tomé la molestia de mirar el perfil del personaje: 50 años, de un pequeño pueblo del condado de Norfolk, protestante, hijo de padres divorciados de clase media, veterano de la Guardia Nacional del Ejército y educado en la escuela de leyes de la Universidad de Boston.
El tipo se había rodeado del equipo de profesionales que había manejado la campaña del Gobernador Mitt Romney en Massachusetts en 2002, gentes como Eric Fehrnstrom, Beth Lindstrom, Beth Myers, Peter Flaherty, Rob Cole, Ron Kaufman o Larry McCarthy lo rodeaban. Pero no había sondeos así que miré uno publicado por la Suffolk University el mes anterior. El tal Brown se situaba 31 puntos abajo de la Fiscal General de Massachusetts, Martha Coakley. Estaba claro, la demócrata Coakley había ganado el escaño de Kennedy en la primaria de su partido.
No volví a dedicar un segundo de mi tiempo a esa elección hasta que pasado el día de Reyes una encuesta de Public Policy Polling empezó a hablar de empate en Massachusetts. PPP acostumbra a publicar majaderías. Siguiendo el ejemplo de la fenómena Coakley, seguí sin darle importancia y disfrutando del tiempo libre hasta que hace ocho días Rasmussen, la encuestadora que clavó los resultados de las últimas presidenciales, confirmó la asombrosa escalada de Brown. Sin apenas tiempo para asimilar el nuevo escenario, hoy Massachusetts tiene un Senador republicano sentado en un escaño que durante seis décadas ha sido monopolizado por un sólo partido (el demócrata) y una sóla familia (la familia Kennedy con John F. primero y con Teddy después).
¿Qué ha hecho Scott Brown para ganar esto? Centrar la campaña en tres puntos que han constituído un referendum sobre la agenda política nacional de los demócratas: 1) reforma sanitaria, 2) impuestos, y 3) protección legal de terroristas. ¿Qué ha hecho Martha Coakley para ser vergonzantemente derrotada? Tomarse unas larguísimas vacaciones después de ganar la primaria demócrata, y no volver a soltar una gota de sudor hasta pasadas las fiestas navideñas. Todo ha influído.
Ahora a la Casa Blanca le corresponderá decidir cómo responder: negando que lo ocurrido tenga nada que ver con las decisiones tomadas en Washington DC y echando la culpa al pobre rendimiento de un candidato torpe, como ya hiciera en Virginia y New Jersey; o aceptando de una vez que debajo de todo esto pueda estar germinando una revuelta de la clase media contra el gasto, la regulación y los impuestos, que obligue a un replanteamiento de su agenda para evitar un cataclismo en las elecciones intermedias de noviembre.
Continúa: Parte 2 / Parte 3
miércoles, 20 de enero de 2010
lunes, 30 de noviembre de 2009
Guía para seguir el debate de la reforma sanitaria

Generalmente, la pre-campaña para las elecciones legislativas de medio mandato suele comenzar después de los relajados días de puente de Acción de Gracias. Pero este año toda la actividad política del mes de diciembre será acaparada por el esperadísimo debate sobre el proyecto de reforma sanitaria en el Senado. Por ese motivo considero prudente retrasar hasta enero el seguimiento de la pre-campaña electoral, y necesario dejaros una pequeña guía teórica para aquellos que tengais interés en seguir el debate parlamentario las próximas semanas.
El protagonista principal de la función será el Líder de la Mayoría, el veterano Harry Reid (D - Nevada), quien sabiendo que enfrenta una durísima reelección el año que viene y que estas podrían ser sus últimas Navidades en Washington, parece dispuesto al sacrificio personal para salvar la Presidencia de Obama. Aunque está por ver si el camino de esa salvación pasa por la aprobación de una reforma a la que en sus términos actuales se oponen mayorías de votantes de 35 estados de la Unión.
El Senado de EEUU cuenta con 100 asientos que a día de hoy están distribuídos entre 58 demócratas, 40 republicanos, y 2 independientes. Para la aprobación del proyecto (aquí la gente se confunde) se requiere en realidad sólo una mayoría simple de 50 votos (+ el voto de desempate del Vicepresidente Biden). Lo que ocurre es que para cerrar el debate y proceder a la votación se requiere una mayoría de tres quintas partes (60 votos). De modo que el Líder de la Mayoría no cuenta con margen de error ya que necesita los 58 votos demócratas + los 2 independientes, y cualquier otra posibilidad le obligaría a contar con el voto de algún republicano.
Una reforma que contenga opción pública (la creación de un seguro público que compita con los privados) tiene garantizado el voto favorable de uno de los dos independientes, el Senador Bernie Sanders, un notorio socialista de Vermont. Pero hay 4 demócratas + 1 independiente que plantean resistencias en mayor o menor grado al proyecto actual a pesar de haber votado a favor de iniciar el debate. El independiente es el Senador Joe Lieberman, de Connecticut, que ya ha advertido a Reid que si el proyecto del Senado incluye opción pública como quiere la Casa Blanca y como aprobó la Cámara de Representantes, él se unirá a los republicanos para hacer filibusterismo.
El filibusterismo es una práctica obstruccionista que consiste en no cerrar el debate: para cerrar el debate suele pedirse un voto de clausura que debe ser apoyado por 60 Senadores, y si no se da ese voto los Senadores pueden seguir discutiendo aspectos legales del proyecto por los Siglos de los Siglos sin proceder nunca a la votación. Muchas veces la simple amenaza de proceder de ese modo bloquea proyectos, ya que el Líder de la Mayoría si sabe que no tiene los votos no se atreve a presentar a votación la clausura del debate. Si Lieberman se une a 40 republicanos pueden perpetuar el debate, o retrasarlo hasta el año electoral 2010 en que muchos demócratas se sentirán en una posición más comprometida que ahora.
Dentro del caucus demócrata, el más difícil de convencer por el Líder de la Mayoría va a ser el Senador Ben Nelson, de Nebraska. Nelson plantea casi todas las resistencias posibles: se opone a la opción pública; quiere que el proyecto incluya una enmienda que prohíba la financiación del aborto en los seguros privados subsidiados con dinero público, algo que en principio no está en los planes de una Mayoría presionada por las organizaciones pro-aborto; Nelson también tiene dudas acerca del coste de la operación (1,1 billones de dólares durante 10 años según el proyecto aprobado por la Cámara); y se ha venido oponiendo a un impuesto que Reid quiere incluir sobre los ingresos de las personas que ganan más de 500,000 dólares al año y las parejas que ganan más de 1 millón.
Después tenemos a dos mujeres sureñas: las Senadoras Mary Landrieu, de Louisiana, y Blanche Lincoln, de Arkansas. Lincoln se presenta a la reelección el año próximo en un estado que rechazó a Obama en las presidenciales. Como miembro del Comité de Finanzas del Senado, la Senadora Lincoln ya ha votado dos veces en contra de la inclusión de la opción pública en la ley, y se ha manifestado en contra de su coste.
La Senadora Landrieu ha lanzado señales mixtas que no permiten conocer cual puede ser su posición final pero está recibiendo fortísimas presiones de los casi 400,000 pequeños negocios que en Louisiana representan a más del 90% de la fuerza laboral del estado. Muchos de esos pequeños negocios creen que si se ven obligados a proveer seguro público y pagar más impuestos pueden verse obligados a cerrar. La ventaja de Landrieu es que no tiene reelección hasta 2014.
Otro demócrata que llegó a amenazar con el filibusterismo hace unas semanas fue el Senador Evan Bayh, de Indiana. Bayh (tiene reelección en 2010) plantea reservas sobre la opción pública pero sobre todo está preocupado por un impuesto a los fabricantes de dispositivos médicos que viene incluído en la legislación actual. El interés de Bayh por este asunto se debe a que Indiana es el tercer estado con más trabajadores (unos 63,000) en el sector de dispositivos médicos. Ya hace unos meses envió una carta al Comité de Finanzas para que reconsiderase el asunto. Pero es improbable que bloquee la votación.
Este grupo de cuatro Senadores demócratas y uno independiente es el que más dudas puede plantear a día de hoy. Detrás hay otro grupo de Senadores demócratas más cobardes que si tienen que votar votarán que sí, pero que están deseando que sean otros los que impidan que el proyecto se llegue siquiera a votar para no tener que posicionarse y salvar así sus carreras políticas. En ese grupo tenemos a los Senadores Kent Conrad, de Dakota del Norte; Byron Dorgan, también de Dakota del Norte; Jon Tester, de Montana; Tim Johnson, de Dakota del Sur; Mark Pryor, de Arkansas; o Kay Hagan, de Carolina del Norte. Estos nunca se atreverán a actuar en contra del Liderazgo pero rezan para no tener que votar.
En el otro lado del caucus demócrata tenemos a al menos siete Senadores para los que la opción pública es una condición innegociable: se trata de los Senadores Barbara Boxer, de California; Sherrod Brown, de Ohio; Roland Burris, de Illinois; Al Franken, de Minnesota; Jay Rockefeller, de Virginia Occidental; Bernie Sanders, de Vermont; y Chuck Schumer, de Nueva York. Este grupo de siete ha venido amenazando con bloquear el proyecto si la opción pública que incluye es tibia. Reid tendrá que ofrecerles garantías en privado.
En caso de que el Líder de la Mayoría no consiga el apoyo de los 58 demócratas y los 2 independientes, necesitará algún voto republicano. El único posible parece el de la Senadora Olympia Snowe, de Maine, la única republicana que votó a favor en el Comité de Finanzas. Es menos probable su adhesión en la votación del pleno porque se opone a la opción pública. La inclusión de una opción que permita a cada estado participar o no en la opción pública está pensada en recoger su apoyo (y el de los cinco anteriormente citados). Pero Snowe no quiere eso, quiere una provisión que active el plan público sólo bajo una serie de circunstancias muy restrictivas.
El Líder de la Mayoría empezó a hacer concesiones la semana pasada, presentando una propuesta de reforma que habla de una opción pública mucho más restrictiva que la aprobada por la Cámara de Representantes. La versión de la Cámara incluía opción pública para dar cobertura a algo más de 6 millones de americanos que no pueden ser cubiertos de otro modo. El plan presentado a debate por el Senador Reid deja a los estados libertad de no ofrecer opción pública a sus ciudadanos, y limita su cobertura a menos de 4 millones de ciudadanos, un 1,5% de la población del país. La idea es pasar el trámite del Senado con esta versión para probablemente después en el comité conjunto hacer un borrador final más cercano a la versión de la Cámara para pasarla en mayoría simple por el Senado.
En su plan, Reid también incluyó algunos guiños personalizados dirigidos a los más escépticos de su grupo. Escondido en la página 432 del proyecto presentado por Reid se incluye una provisión de 100 millones en ayuda federal al Medicaid para los estados que hayan sufrido desastres naturales de gran impacto en los últimos siete años (se incluye Louisiana por el Katrina-2005). Con este apaño, la Senadora Landrieu tiene un pequeño trofeo que ofrecer entre sus votantes para justificar su apoyo a la reforma.
En el proyecto también hay una concesión al Senador Ben Nelson, el demócrata que está mostrando una oposición más contundente. Reid ha decidido no incluir en el texto ninguna medida para eliminar las exenciones anti-trust de la industria de seguros. Esto contradice los deseos de muchos senadores demócratas que acusan a las compañías de seguros de prácticas monopolísticas, pero parece que Reid la entiende como una forma de comprar la voluntad del Senador Nelson. Gracias a ello Nelson votó para permitir el debate, pero continúa amenazando con no permitir la votación de clausura para cerrar la discusión si no se anula la opción pública. En su misma posición permanecen los Senadores Lieberman y Lincoln.
En ese contexto llegamos al inicio del debate que arrancará esta tarde a las 3 PM (hora de Washington DC). La oficina del Líder de la Mayoría ya ha enviado escritos a las oficinas de los 100 Senadores advirtiéndoles de que hasta finales de diciembre se va a trabajar incluídos los fines de semana y las primeras horas de las noches. Quiere meter intensidad porque está recibiendo fortísimas presiones del Jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Rahm Emanuel, para cumplir un calendario estricto de 25 días: la Casa Blanca le ha dicho al Senador Reid que quiere que el proyecto sea aprobado antes del día de Navidad, para que un comité conjunto de Cámara y Senado acuerde una versión de compromiso en la primera mitad de enero, y esa versión sea votada y aprobada por Cámara y Senado antes del discurso del Presidente Obama sobre el Estado de la Unión, previsto para la última semana de enero.
No será sencillo. Senadores de ambos partidos planean introducir a debate y votación decenas de enmiendas sobre asuntos altamente divisivos como la opción pública, aborto, impuestos, o demandas por negligencia médica, unos con la intención de perfeccionar el proyecto, otros con la de ganar más apoyos, y otros símplemente de torpedearlo. Los Senadores Jay Rockefeller (D - Virginia Occidental) o Bernie Sanders (I - Vermont) ya han anunciado enmiendas para extender la opción pública.
El Senador Orrin Hatch (R - Utah) ha anunciado que presentará una enmienda para restringir abortos, en la línea de la "enmienda Stupak", una herencia envenenada de la Cámara de Representantes que puede abrir el camino a que montones de planes privados renuncien a cubrir abortos para entrar dentro de los canjes de la nueva legislación sanitaria. Otros republicanos presentarán enmiendas cuyo único fin será sacar a debate los impopulares aumentos de impuestos o los recortes al Medicare que van incluídos (escondidos) entre las miles de páginas del proyecto.
Hoy se empezará con intervenciones protocolarias del Líder de la Mayoría, el Senador Harry Reid (D - Nevada) y el Líder de la Minoría, el Senador Mitch McConnell (R - Kentucky), y es posible que cada parte introduzca una primera enmienda. Pero la verdadera acción empezará mañana. En las próximas semanas habrá un debate externo (el que podremos ver por la tele) por ganar la batalla de la opinión pública, y un debate interno (ese no lo podremos ver por la tele) en el despacho del Líder de la Mayoría por atar los 60 votos que le permitan terminar el debate.
Tampoco faltarán estos días en el Capitolio los profesionales en "hacer pasillos". Los representantes de intereses y grupos privados que abordarán a los Senadores ofreciendo "ideas" o recordando donaciones electorales en nombre de sus clientes particulares o por cuenta de diversos grupos de presión. Ni las llamadas de los votantes de los diferentes estados a las oficinas de sus representantes para intentar influir en estos.
La clave para Reid estará en conseguir evitar el filibusterismo de la minoría de bloqueo. Si se supera el bloqueo la reforma se aprobará. Aunque puede llegar a abortarse en la votación del comité conjunto, cuanto más adelante llegue siempre será más improbable. Por contra, si no se consigue superar el filibusterismo, el asunto se puede alargar tanto que entrando en un año electoral puede ir perdiendo cada vez más apoyos de legisladores a los que no interese el tema, no llegar a someterse a votación e ir quedando en el olvido.
En el peor de los casos, al Senador Reid le quedaría un modo algo dudoso y antidemocrático de sacarlo adelante. Se trata de la llamada "reconciliación", un procedimiento que sirve para romper por mayoría simple los bloqueos que afectan a importantes leyes presupuestarias. Técnicamente no es aplicable a la reforma sanitaria, pero mediante algunas tretas legales que consiguieran hacer creer que la aprobación de esta reforma contribuye a reducir el déficit podría pasar. Los asesores jurídicos de la Casa Blanca estuvieron estudiando el tema hace meses. Pero es demasiado arriesgado porque podría llevar a perder aún más apoyos.
*Para seguir el debate en video: C-Span
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Atlanta: ¿alcalde blanco?
Es una mujer independiente de 57 años y se llama Mary Norwood. Podría convertirse en la primera persona blanca en alcanzar la Alcaldía de Atlanta en más de 35 años -desde 1973- y la primera no afiliada al Partido Demócrata desde 1942. Anoche ganó las elecciones con un 46% de los votos, quedándose a poco más de 4 puntos de evitar una segunda vuelta a celebrar en diciembre.
Paradógicamente, la proeza de Norwood es la consecuencia del éxito de las políticas del establishment afroamericano que ha gobernado muy bien la ciudad en las últimas cuatro décadas: la capital del Sur, una ciudad peligrosa y deprimida a principios de los 70, asfixiada por el conflicto racial, es hoy una de las ciudades más prósperas y dinámicas de los Estados Unidos, sede mundial de multinacionales como Coca-Cola, CNN, Home Depot, United Parcel Service (UPS), AT&T Mobility, NCR Corporation, SunTrust Banks o Delta Air Lines.
La relocalización de varias compañías del Fortune 500 en la ciudad, así como su internacionalización a través de los Juegos Olímpicos de 1996, interpretados en su día como un premio a la reconciliación racial, ha atraído en los últimos años una importante población blanca de rentas altas procedente de otros estados de la Unión que se ha asentado en los residenciales suburbios de la ciudad. En esa creciente clase media blanca, en los afroamericanos de barrio residencial y en el voto femenino se ha apoyado Norwood para salir ganadora frente a una larga terna de rivales afroamericanos que ha dividido a la mayoría negra tradicional.
En diciembre la concejala Norwood deberá enfrentarse a un sólo rival afroamericano. Habrá que ver si el voto negro se une para apoyar en bloque al único candidato de color o si Norwood consigue rascar el 4% que necesita de ese 54% que ayer se dividió entre diferentes candidatos.
Paradógicamente, la proeza de Norwood es la consecuencia del éxito de las políticas del establishment afroamericano que ha gobernado muy bien la ciudad en las últimas cuatro décadas: la capital del Sur, una ciudad peligrosa y deprimida a principios de los 70, asfixiada por el conflicto racial, es hoy una de las ciudades más prósperas y dinámicas de los Estados Unidos, sede mundial de multinacionales como Coca-Cola, CNN, Home Depot, United Parcel Service (UPS), AT&T Mobility, NCR Corporation, SunTrust Banks o Delta Air Lines.
La relocalización de varias compañías del Fortune 500 en la ciudad, así como su internacionalización a través de los Juegos Olímpicos de 1996, interpretados en su día como un premio a la reconciliación racial, ha atraído en los últimos años una importante población blanca de rentas altas procedente de otros estados de la Unión que se ha asentado en los residenciales suburbios de la ciudad. En esa creciente clase media blanca, en los afroamericanos de barrio residencial y en el voto femenino se ha apoyado Norwood para salir ganadora frente a una larga terna de rivales afroamericanos que ha dividido a la mayoría negra tradicional.
En diciembre la concejala Norwood deberá enfrentarse a un sólo rival afroamericano. Habrá que ver si el voto negro se une para apoyar en bloque al único candidato de color o si Norwood consigue rascar el 4% que necesita de ese 54% que ayer se dividió entre diferentes candidatos.
Gobernador de Virginia: McDonnell (R)
Bob McDonnell (R) 1,159,505 votos 59%
Creigh Deeds (D) 815,353 votos 41%
Creigh Deeds (D) 815,353 votos 41%
Gobernador de New Jersey: Christie (R)
Chris Christie (R) 1,132,698 votos 49%
Jon Corzine (D) 1,026,899 votos 46%
Chris Daggett (I) 132,181 votos 6%
Jon Corzine (D) 1,026,899 votos 46%
Chris Daggett (I) 132,181 votos 6%
23º Distrito de NY: Owens (D)
Bill Owens (D) 60,458 votos 49%
Doug Hoffman (C) 56,174 votos 46%
Dede Scozzafava (R) 6,796 votos 5%
Doug Hoffman (C) 56,174 votos 46%
Dede Scozzafava (R) 6,796 votos 5%
lunes, 2 de noviembre de 2009
Virginia, New Jersey y 23º Distrito de NY
Buenas. Mañana es mi cumpleaños y para celebrarlo vuelven las elecciones. No son muchas pero sí un buen anticipo para entrar en calor de cara al intenso ciclo electoral de 2010. Se renuevan dos puestos de Gobernador con enorme historia: el de Gobernador de Virginia, ocupado en el pasado por tres futuros Presidentes de los Estados Unidos -Thomas Jefferson, James Monroe y John Tyler; y el despacho de Gobernador de New Jersey que ha sido ocupado por uno de los mejores Presidentes del Siglo XX, Woodrow Wilson.
También hay dos elecciones especiales a la Cámara de Representantes por los distritos 10º de California y 23º de Nueva York. Y elecciones a Alcalde en varias ciudades de peso por todo el país: Nueva York, Boston, Atlanta, Charlotte, Houston, Seattle, Pittsburgh o Minneapolis, entre otros.
En la imagen: Bob McDonnell, candidato republicano a Gobernador de Virginia.
Gobernador de Virginia: el candidato republicano es Bob McDonnel, de 55 años, ex Fiscal General de Virginia. Se trata de un hombre profundamente conservador en los asuntos sociales -dedicó su tesis doctoral a la familia cristiana- que ha preferido centrar su campaña en asuntos económicos como el transporte, la energía, los impuestos o el estímulo del turismo y la industria cinematográfica.
McDonnell propone modernizar el Departameto estatal de Transportes fomentando sociedades público-privadas para mejorar las infraestructuras en las congestionadas áreas del norte del estado: promete ampliar la Interestatal-66, mejorar la Interestatal-95, y terminar la línea de Metro hasta Dulles. Se ha mostrado a favor de hacer perforaciones petrolíferas a lo largo de la costa de Virginia, de contener el costo de las operaciones gubernamentales, y de simplificar el código fiscal.
Los demócratas presentan a Creigh Deeds, de 51 años, un antiguo miembro de la Asamblea Estatal de Virginia. Sorprendió en junio derrotando por amplio margen al poderoso Terry McAuliffe en la primaria demócrata. Durante toda la campaña se ha negado a firmar ninguna promesa para no subir los impuestos, y en sus planes para mejorar el transporte estatal ha incluído una impopular propuesta de subida del impuesto a la gasolina. Defiende elevar los castigos contra los prestamistas que negociaron hipotecas de alto riesgo. Propone un plan educativo que incluya nuevos préstamos para los estudiantes universitarios.
A un día de las elecciones, el republicano McDonnell es el gran favorito gracias a una campaña mucho más profesional que la de su adversario. Sin oposición en la primaria republicana, McDonnell tuvo tiempo desde principios de año para recaudar dinero y lanzar publicidad televisiva estableciendo en pantalla la imagen que quería transmitir a los electores. Hasta octubre había recaudado un total de casi 14 millones de dólares, todos ellos invertidos en la elección general; Deeds, por su parte, hasta esa fecha recaudó algo más de 9 millones y medio, de los cuales sólo 3 millones y medio ha podido invertir en la recta final de la campaña -el resto se lo gastó para ganar la primaria.
McDonnell ha sabido posicionarse como el candidato tecnócrata que habla de economía y empleos, dejando fuera del debate su adscripción a la derecha cristiana más fundamentalista. Deeds, al clasificarse más tarde para la competición final, ha caído en la tentación de dedicar la mayoría de sus esfuerzos a intentar definir a su adversario cuando este ya estaba definido a ojos del elector. En lugar de criticar sus propuestas, Deeds ha descrito a McDonnell como un personaje talibanesco y lo ha acusado de pretender prohibir los anticonceptivos o las mamografías por motivos religiosos. Pero esa campaña negativa no ha llegado a un electorado que durante meses no ha escuchado a McDonnell decir nada de aquello de lo que Deeds le ha acusado.
Deeds ha tenido un problema añadido con las dudas de si identificarse o no con la agenda del Presidente Obama. Cuando a partir del verano el Presidente empezó a perder mucha popularidad en Virginia, el equipo de Deeds buscó alejarse de su influencia. Esto ha supuesto un efecto contraproducente a nivel operativo para el candidato al perder las ventajas que podía ofrecer la maquinaria electoral de Obama en los suburbios de Washington DC, donde se espera una importante desmovilización de votantes respecto a las presidenciales.
Una de las claves de la probable victoria de McDonnell está en sus buenos números en la región Noreste del estado: en las presidenciales, Obama obtuvo el 60% de los votos en esa región demócrata; los sondeos indican que McDonnell cuenta con el apoyo de un 56% de los votantes allí. En el Sureste y las zonas centrales la cosa está aún peor para Deeds: en algunos condados que Obama ganó con un 54% y 52% respectivamente, Deeds no pasa de apoyos del 43% o 41%.
En la imagen: el Gobernador de New Jersey, Jon Corzine, hace campaña con el Presidente Obama.
Gobernador de New Jersey: el Gobernador Jon Corzine, demócrata de 62 años, está sudando tinta para salir reelegido después de varios meses en los que su administración ha acusado fama de incompetente y corrupta. Miembros de su gabinete investigados por el FBI, descubrimiento de redes de corrupción que involucraban a 44 oficiales electos del estado, dudosas concesiones contractuales a los funcionarios estatales para abortar protestas contra su administración, una criticada política medioambiental y altos niveles de desempleo que el Gobernador achaca a la recesión global.
Su rival republicano Chris Christie, un corpulento fiscal de distrito de 47 años, encontró el cielo abierto para destrozar a Corzine recordando sus promesas incumplidas y su vinculación a oficiales ocrruptos, e hizo campaña por la ética en el gobierno y la reducción de la corrupción, y en contra del despilfarro fiscal. Advirtió también que la reelección del Gobernador Corzine supondría una casi segura subida del impuesto a la propiedad.
A comienzos de septiembre, Christie llegó a alcanzar una ventaja de 10 puntos en los sondeos, fue su mejor momento en esta carrera de fondo. Pero en los últimos dos meses, Corzine, que sólo es popular en dos (Hudson y Essex) de los 21 condados del estado, ha protagonizado una sorprendente recuperación que le va a permitir llegar al día de mañana en un empate técnico.
La recuperación de Corzine es el resultado de varios factores: por un lado cuenta con una evidente ventaja estructural en un estado que lleva años invariablemente en la columna demócrata; luego sabedor de que la popularidad del Presidente Obama (que ganó el estado con el 57% de los votos) no se ha resentido en New Jersey tanto como en otros estados, Corzine ha buscado ajustar al máximo la relación de trabajo entre su equipo de campaña y la Casa Blanca; y ha tenido más dinero para gastar y ha podido poner en el aire casi tres veces más anuncios electorales que su rival.
Pero el factor más importante de todos ha sido la irrupción de un candidato independiente, Chris Daggett, que compite con el republicano Christie por los votantes independientes que buscan al candidato que mejor represente el "cambio" frente a Corzine. De los electores de Daggett, una mayoría dice preferir a Christie antes que a Corzine. La clave puede estar en el comportamiento definitivo de una parte de ese 10% que dice que votará por Daggett pero no quiere ver reelegido a Corzine.
En la imagen: Doug Hoffman, candidato conservador a la Cámara de Representantes por el 23º Distrito de NY.
El tercer punto de interés del día estará en las elecciones a un asiento en la Cámara de Representantes por el 23º Distrito de Nueva York. Esta sería una elección sin interés de no ser por el precedente que puede suponer en el proceso interno republicano con vistas al ciclo electoral del año próximo. El escaño estuvo ocupado por el republicano John McHugh hasta que hace unos meses fue nombrado Secretario del Ejército de Tierra por el Presidente Obama. La de mañana es una elección especial para cubrir su vacante en el Congreso.
La congresista estatal Dede Scozzafava se hizo con la nominación del Partido Republicano y con el apoyo explícito del aparato oficial del Comité Nacional Republicano. Pero, paralelamente, el movimiento conservador de base, con el apoyo de celebridades nacionales como Sarah Palin, Newt Gingrich, Fred Thompson, Tim Pawlenty, Mike Huckabee, y otros, así como de organizaciones como la 'American Conservative Union', el 'Club for Growth' o el 'Eagle Forum', empezó a organizarse para apoyar a Doug Hoffman, un hombre de negocios independiente, candidato por el Conservative Party de Nueva York. Este movimiento provocó hace dos días la retirada de Scozzafava (candidata republicana) que ha decidido apoyar a su rival demócrata, y el alineamiento del aparato republicano con el candidato del Conservative Party.
En la búsqueda de un conservadurismo químicamente puro, los republicanos se arriesgan a perder el voto moderado del 23º Distrito de NY, un distrito que ha venido votando republicano desde 1870. La moderada Scozzafava era un valor seguro pensando sólo en mantener el escaño; Hoffman no lo es, puede perder frente al candidato demócrata. Pero el movimiento que rodea su candidatura radical ha vigorizado al movimiento conservador a nivel nacional como hace años que no lo hacía ningún candidato al Congreso.
Entre los objetivos del movimiento conservador, además de derrotar a candidatos demócratas, siempre ha estado el reemplazar a los republicanos moderados por otros más conservadores, para desplazar hacia la derecha el caucus republicano. Hoffman es pues un candidato del movimiento, no del partido. De su éxito o fracaso puede depender que el año próximo veamos o no a conservadores independientes desafiando en primarias a legisladores republicanos moderados.
Es una de esas pequeñas grandes experiencias que nos ofrece siempre el proceso electoral en EEUU. De ser elegido, Hoffman se convertirá en una figura nacional de referencia para los republicanos; de ser derrotado, se convertirá en tertuliano habitual de los programas de política de la Fox News y escribirá algún libro que alcanzará el éxito de ventas.
*Para consultar últimos sondeos: RealClearPolitics
También hay dos elecciones especiales a la Cámara de Representantes por los distritos 10º de California y 23º de Nueva York. Y elecciones a Alcalde en varias ciudades de peso por todo el país: Nueva York, Boston, Atlanta, Charlotte, Houston, Seattle, Pittsburgh o Minneapolis, entre otros.
En la imagen: Bob McDonnell, candidato republicano a Gobernador de Virginia.Gobernador de Virginia: el candidato republicano es Bob McDonnel, de 55 años, ex Fiscal General de Virginia. Se trata de un hombre profundamente conservador en los asuntos sociales -dedicó su tesis doctoral a la familia cristiana- que ha preferido centrar su campaña en asuntos económicos como el transporte, la energía, los impuestos o el estímulo del turismo y la industria cinematográfica.
McDonnell propone modernizar el Departameto estatal de Transportes fomentando sociedades público-privadas para mejorar las infraestructuras en las congestionadas áreas del norte del estado: promete ampliar la Interestatal-66, mejorar la Interestatal-95, y terminar la línea de Metro hasta Dulles. Se ha mostrado a favor de hacer perforaciones petrolíferas a lo largo de la costa de Virginia, de contener el costo de las operaciones gubernamentales, y de simplificar el código fiscal.
Los demócratas presentan a Creigh Deeds, de 51 años, un antiguo miembro de la Asamblea Estatal de Virginia. Sorprendió en junio derrotando por amplio margen al poderoso Terry McAuliffe en la primaria demócrata. Durante toda la campaña se ha negado a firmar ninguna promesa para no subir los impuestos, y en sus planes para mejorar el transporte estatal ha incluído una impopular propuesta de subida del impuesto a la gasolina. Defiende elevar los castigos contra los prestamistas que negociaron hipotecas de alto riesgo. Propone un plan educativo que incluya nuevos préstamos para los estudiantes universitarios.
A un día de las elecciones, el republicano McDonnell es el gran favorito gracias a una campaña mucho más profesional que la de su adversario. Sin oposición en la primaria republicana, McDonnell tuvo tiempo desde principios de año para recaudar dinero y lanzar publicidad televisiva estableciendo en pantalla la imagen que quería transmitir a los electores. Hasta octubre había recaudado un total de casi 14 millones de dólares, todos ellos invertidos en la elección general; Deeds, por su parte, hasta esa fecha recaudó algo más de 9 millones y medio, de los cuales sólo 3 millones y medio ha podido invertir en la recta final de la campaña -el resto se lo gastó para ganar la primaria.
McDonnell ha sabido posicionarse como el candidato tecnócrata que habla de economía y empleos, dejando fuera del debate su adscripción a la derecha cristiana más fundamentalista. Deeds, al clasificarse más tarde para la competición final, ha caído en la tentación de dedicar la mayoría de sus esfuerzos a intentar definir a su adversario cuando este ya estaba definido a ojos del elector. En lugar de criticar sus propuestas, Deeds ha descrito a McDonnell como un personaje talibanesco y lo ha acusado de pretender prohibir los anticonceptivos o las mamografías por motivos religiosos. Pero esa campaña negativa no ha llegado a un electorado que durante meses no ha escuchado a McDonnell decir nada de aquello de lo que Deeds le ha acusado.
Deeds ha tenido un problema añadido con las dudas de si identificarse o no con la agenda del Presidente Obama. Cuando a partir del verano el Presidente empezó a perder mucha popularidad en Virginia, el equipo de Deeds buscó alejarse de su influencia. Esto ha supuesto un efecto contraproducente a nivel operativo para el candidato al perder las ventajas que podía ofrecer la maquinaria electoral de Obama en los suburbios de Washington DC, donde se espera una importante desmovilización de votantes respecto a las presidenciales.
Una de las claves de la probable victoria de McDonnell está en sus buenos números en la región Noreste del estado: en las presidenciales, Obama obtuvo el 60% de los votos en esa región demócrata; los sondeos indican que McDonnell cuenta con el apoyo de un 56% de los votantes allí. En el Sureste y las zonas centrales la cosa está aún peor para Deeds: en algunos condados que Obama ganó con un 54% y 52% respectivamente, Deeds no pasa de apoyos del 43% o 41%.
En la imagen: el Gobernador de New Jersey, Jon Corzine, hace campaña con el Presidente Obama.Gobernador de New Jersey: el Gobernador Jon Corzine, demócrata de 62 años, está sudando tinta para salir reelegido después de varios meses en los que su administración ha acusado fama de incompetente y corrupta. Miembros de su gabinete investigados por el FBI, descubrimiento de redes de corrupción que involucraban a 44 oficiales electos del estado, dudosas concesiones contractuales a los funcionarios estatales para abortar protestas contra su administración, una criticada política medioambiental y altos niveles de desempleo que el Gobernador achaca a la recesión global.
Su rival republicano Chris Christie, un corpulento fiscal de distrito de 47 años, encontró el cielo abierto para destrozar a Corzine recordando sus promesas incumplidas y su vinculación a oficiales ocrruptos, e hizo campaña por la ética en el gobierno y la reducción de la corrupción, y en contra del despilfarro fiscal. Advirtió también que la reelección del Gobernador Corzine supondría una casi segura subida del impuesto a la propiedad.
A comienzos de septiembre, Christie llegó a alcanzar una ventaja de 10 puntos en los sondeos, fue su mejor momento en esta carrera de fondo. Pero en los últimos dos meses, Corzine, que sólo es popular en dos (Hudson y Essex) de los 21 condados del estado, ha protagonizado una sorprendente recuperación que le va a permitir llegar al día de mañana en un empate técnico.
La recuperación de Corzine es el resultado de varios factores: por un lado cuenta con una evidente ventaja estructural en un estado que lleva años invariablemente en la columna demócrata; luego sabedor de que la popularidad del Presidente Obama (que ganó el estado con el 57% de los votos) no se ha resentido en New Jersey tanto como en otros estados, Corzine ha buscado ajustar al máximo la relación de trabajo entre su equipo de campaña y la Casa Blanca; y ha tenido más dinero para gastar y ha podido poner en el aire casi tres veces más anuncios electorales que su rival.
Pero el factor más importante de todos ha sido la irrupción de un candidato independiente, Chris Daggett, que compite con el republicano Christie por los votantes independientes que buscan al candidato que mejor represente el "cambio" frente a Corzine. De los electores de Daggett, una mayoría dice preferir a Christie antes que a Corzine. La clave puede estar en el comportamiento definitivo de una parte de ese 10% que dice que votará por Daggett pero no quiere ver reelegido a Corzine.
En la imagen: Doug Hoffman, candidato conservador a la Cámara de Representantes por el 23º Distrito de NY.El tercer punto de interés del día estará en las elecciones a un asiento en la Cámara de Representantes por el 23º Distrito de Nueva York. Esta sería una elección sin interés de no ser por el precedente que puede suponer en el proceso interno republicano con vistas al ciclo electoral del año próximo. El escaño estuvo ocupado por el republicano John McHugh hasta que hace unos meses fue nombrado Secretario del Ejército de Tierra por el Presidente Obama. La de mañana es una elección especial para cubrir su vacante en el Congreso.
La congresista estatal Dede Scozzafava se hizo con la nominación del Partido Republicano y con el apoyo explícito del aparato oficial del Comité Nacional Republicano. Pero, paralelamente, el movimiento conservador de base, con el apoyo de celebridades nacionales como Sarah Palin, Newt Gingrich, Fred Thompson, Tim Pawlenty, Mike Huckabee, y otros, así como de organizaciones como la 'American Conservative Union', el 'Club for Growth' o el 'Eagle Forum', empezó a organizarse para apoyar a Doug Hoffman, un hombre de negocios independiente, candidato por el Conservative Party de Nueva York. Este movimiento provocó hace dos días la retirada de Scozzafava (candidata republicana) que ha decidido apoyar a su rival demócrata, y el alineamiento del aparato republicano con el candidato del Conservative Party.
En la búsqueda de un conservadurismo químicamente puro, los republicanos se arriesgan a perder el voto moderado del 23º Distrito de NY, un distrito que ha venido votando republicano desde 1870. La moderada Scozzafava era un valor seguro pensando sólo en mantener el escaño; Hoffman no lo es, puede perder frente al candidato demócrata. Pero el movimiento que rodea su candidatura radical ha vigorizado al movimiento conservador a nivel nacional como hace años que no lo hacía ningún candidato al Congreso.
Entre los objetivos del movimiento conservador, además de derrotar a candidatos demócratas, siempre ha estado el reemplazar a los republicanos moderados por otros más conservadores, para desplazar hacia la derecha el caucus republicano. Hoffman es pues un candidato del movimiento, no del partido. De su éxito o fracaso puede depender que el año próximo veamos o no a conservadores independientes desafiando en primarias a legisladores republicanos moderados.
Es una de esas pequeñas grandes experiencias que nos ofrece siempre el proceso electoral en EEUU. De ser elegido, Hoffman se convertirá en una figura nacional de referencia para los republicanos; de ser derrotado, se convertirá en tertuliano habitual de los programas de política de la Fox News y escribirá algún libro que alcanzará el éxito de ventas.
*Para consultar últimos sondeos: RealClearPolitics
miércoles, 26 de agosto de 2009
Sen. Ted Kennedy en la DNC de 1980
Con motivo de su muerte, C-Span nos ha facilitado el discurso completo (35 minutos) que el Senador Ted Kennedy pronunció en la Convención Nacional Demócrata de 1980. Considerado el discurso más importante de su carrera política, recordar que tuvo lugar en el contexto de la lucha cerrada con Jimmy Carter por la nominación presidencial demócrata.
El éxito del discurso, pronunciado tras ser derrotado por Carter, convirtió a Kennedy en el indiscutible front-runner para la candidatura demócrata para las presidenciales de 1984, hasta que un inoportuno divorcio le llevó en diciembre de 1982 a auto-descartarse como candidato. Y las últimas esperanzas de sus seguidores de volver a verlo disputando la Casa Blanca se esfumaron en diciembre de 1985, cuando anunció que tampoco en el 88, asumiendo que terminaría sus días en el Senado.
viernes, 19 de junio de 2009
Para fans de Reagan...
En las últimas semanas, la Reagan Foundation ha ido subiendo a Youtube una serie de discursos pronunciados por el Presidente Ronald Reagan. Me hubieran venido de maravilla el año pasado como complemento para ciertos artículos, para hacer el gusto a los lectores que no cuentan con Realplayer. Pero como más vale tarde que nunca, abajo os dejo tres muestras de esos discursos inolvidables, completos y en alta calidad. Lo más novedoso son sus discursos sobre el Estado de la Unión, que no estaban disponibles en ningún lado; ahora podéis encontrarlos todos (los ocho) aquí.
Su primer discurso sore el Estado de la Unión (1981).
Convención Nacional Republicana de 1984, en Dallas, Texas.
Convención Nacional Republicana de 1988, en New Orleans, Louisiana.
Su primer discurso sore el Estado de la Unión (1981).
Convención Nacional Republicana de 1984, en Dallas, Texas.
Convención Nacional Republicana de 1988, en New Orleans, Louisiana.
miércoles, 3 de junio de 2009
Pierre Salinger: Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1961-1964)

Pierre Emil George Salinger (n. 14 de junio, 1925 - m. 16 de octubre, 2004) Periodista estadounidense. Fue Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1961-1964) durante todo el mandato del Presidente John F. Kennedy y los primeros meses de mandato del Presidente Lyndon B. Johnson.
Primeros años
Hijo de un ingeniero neoyorkino y de una periodista francesa, Salinger nació en San Francisco, California. Se educó en la religión católica de su madre, a pesar de que su padre era judío. Niño prodigio, aprendió a tocar el piano antes que a leer, y a la edad de seis años dio su primer recital en Toronto, Canadá. Por miedo a los efectos negativos que pudiera tener sobre él una carrera artística a tan temprana edad, sus padres decidieron cancelar todas sus actuaciones ante el público, aunque siguió recibiendo lecciones de piano en privado.
A los 17 años, se alistó en la Armada y sirvió en un submarino en el Océano Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. De vuelta en California, en 1947 se graduó por la Universidad de San Francisco.
Periodista
Encarriló su carrera hacia el periodismo, trabajando como reportero del San Francisco Chronicle y redactor de la revista Collier's a finales de los años 40 y principios de los 50. Destacó por su serie de artículos sobre abusos penitenciarios.
En 1956, comenzó una investigación periodística sobre la figura de James Hoffa, jefe del sindicato de camioneros, vinculado al crimen organizado. La investigación lo pondría en contacto con Robert Kennedy, entonces consejero legal del Comité Especial del Senado para investigar las actividades ilegales en las relaciones sindicato-empresa (1957-1959). Kennedy incorporó a Salinger como asesor del Comité.
Campaña electoral de 1960
Recomendado por Robert, Salinger fue nombrado en 1959 jefe de prensa del Senador John F. Kennedy. Y en 1960, ejerció de portavoz de la campaña presidencial de JFK.
Durante la batalla por la nominación presidencial demócrata, a Salinger le tocó ser particularmente duro con el Senador Lyndon B. Johnson, de Texas, principal amenaza para la nominación de JFK. Más tarde se vio obligado a modificar el tono para procurar la incorporación de Johnson al ticket electoral.
Salinger explicó así lo que vivió en la Convención Nacional Demócrata de 1960: "Habíamos sido muy duros con Lyndon Johnson porque era un candidato potencialmente peligroso para nosotros. De repente, una mañana, unas 24 horas antes de la nominación, recibí una llamada de Phil Graham (editor del 'Washington Post') diciéndome: "deja de atacar a Johnson." Yo le pregunté, "¿qué quieres decir?" Y él me contestó, "va a ser el candidato a Vicepresidente." Esa fue la primera vez que oí a nadie mencionar esa posibilidad que nunca habíamos contemplado. Graham tenía buenas relaciones con John Kennedy, así que podía saber algo de lo que yo no había oído hablar. Inmediatamente fui a ver al Senador Kennedy, para decirle que Phil Graham me había dicho que no atacara más a Johnson. Kennedy me dijo, "no es mala idea."
"A las 6:30 de la mañana del día siguiente a la nominación del Senador Kennedy, Kenny O'Donnell y yo fuimos a ver a Bobby (Kennedy) para empezar a discutir sobre la selección de un Vicepresidente. Bobby se estaba bañando y nos gritó desde el baño, "¿cuántos votos electorales conseguiremos en noviembre si ganamos el Sur y el Noreste? ¿podemos ganar la elección con esas regiones?" O'Donnell le dijo, "no estarás pensando en nominar a Lyndon Johnson, ¿verdad?" Y Bobby respondió que sí. Luego tuvimos una gran pelea con él; ni a Kenny ni a mí nos gustaba Johnson; yo apostaba fuerte por el Senador Symington y creo que Kenny quería al Senador Henry "Scoop" Jackson. Pero Bobby dijo, "no, parece que va a ser Johnson."
En los últimos cuatro meses de campaña, Salinger estuvo en contacto permanente con Herb Klein, el director de comunicaciones del republicano Richard Nixon. Por solidaridad el uno con el otro, Salinger y Klein acordaron informarse mutuamente en caso de que tuvieran conocimiento de algún truco sucio que sus respectivas campañas estuvieran preparando contra el adversario.
Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1961-1964)
Tras la victoria electoral, Pierre Salinger se convirtió, a sus 35 años, en Secretario de Prensa de la Casa Blanca. Planificó grandes innovaciones para las conferencias de prensa presidenciales: su antecesor, Jim Hagerty, había sido el primero en permitir la filmación y emisión de versiones editadas para televisión de las ruedas de prensa del Presidente; Salinger se propuso ir más allá y autorizar las emisiones en directo.
Los reporteros habían admirado la eficiencia y profesionalidad de Hagerty; con Salinger establecieron una relación más cercana, apoyada en el cariño y el aprecio, llegando a considerarlo un aliado. Salinger tuvo una clara ventaja respecto a su antecesor: al Presidente Dwight Eisenhower, hombre de formación militar, le había gustado guardar siempre las distancias con los periodistas; por contra, el Presidente Kennedy, cuyo primer empleo había sido como reportero del International News Service, era mucho más accesible para los medios, y contaba a varios periodistas entre sus amigos personales. Eso facilitó la labor de Salinger.
Salinger explicó así su relación de trabajo con el Presidente: "Había algo diferente en la Administración Kennedy. La puerta del Despacho Oval nunca estaba bloqueada; doce de nosotros teníamos acceso a ese despacho a cualquier hora del día. No teníamos que ir a pedirle permiso a nadie para ver al Presidente; símplemente, entrábamos. A veces decíamos cosas con las que el Presidente no estaba de acuerdo, y nos replicaba con fuerza. Pero teníamos la posibilidad de decir lo que quisiéramos; no era una administración en la que el staff del Presidente tuviera que imaginar cual era su posición antes de una reunión para asegurarse de seguir esa línea. De alguna manera, yo fui el outsider dentro de su círculo interno: yo no era un hombre de Harvard, y no era irlandés -pero esto nunca fue un problema."
En la imagen: el Presidente John F. Kennedy y Pierre Salinger (derecha) a bordo del USS Joseph P. Kennedy, en 1962.El momento más complicado le llegó en octubre de 1962 con la Crisis de los Misiles. La mañana del sábado 20 de octubre de 1962, el Presidente Kennedy se encontraba hospedado en el Hotel Sheraton Blackstone de Chicago con una agenda repleta de eventos de campaña de apoyo a candidatos demócratas locales para las elecciones de medio mandato. Apoyar a la maquinaria demócrata de Chicago era una prioridad para un Kennedy que debía en gran medida su elección de 1960 a las técnicas de patronaje del Alcalde Richard Daley.
Pierre Salinger, como acostumbraba en casi todos los viajes, había acompañado a Kennedy a Chicago. Aquella mañana, el Presidente le llamó, "Pierre, sube a mi habitación, tengo que decirte algo." Cuando llegó a su suite, Kennedy le estaba esperando: "Pierre, me encuentro fatal. Tengo una gripe de caballo. Los médicos me dicen que debo volver a Washington cuanto antes si no quiero poner mi salud en peligro." Salinger se dio cuenta enseguida que el pretexto del resfriado era falso, pero no tuvo más remedio que anunciarlo como una verdad: "el volumen de las actividades era al aire libre. Y la opinión del doctor ha sido que era mejor cancelar su agenda y volver a Washington", dijo a los reporteros.
El Presidente se negó en un principio a facilitar más información a Salinger y, durante varias horas, el Secretario de Prensa tuvo que moverse a ciegas ante la ansiedad de la prensa por saber más detalles. Finalmente, fue informado de que, cuatro días antes, unas fotografías aéreas tomadas sobre Cuba demostraban la instalación de misiles nucleares en la isla. Salinger se incorporó a las reuniones del comité ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, y durante los días que duró la crisis fue la cara y la voz de la administración.
La tarde del 22 de noviembre de 1963, momento en que el Presidente Kennedy fue tiroteado en las calles de Dallas, Salinger se encontraba volando sobre el Océano Pacífico, camino de Japón, acompañado del Secretario de Estado Dean Rusk y otros oficiales del Gobierno, para preparar una histórica visita de Kennedy a Japón (la primera de un Presidente americano desde la Segunda Guerra Mundial) planeada para febrero de 1964.
En el avión recibieron un breve teletipo: "El Presidente Kennedy herido gravemente, quizá mortalmente, por disparos en el centro de Dallas." Generalmente, Salinger acostumbraba a acompañar al Presidente en todos sus viajes nacionales e internacionales, pero aquel día no lo acompañaba en Texas. Incomunicado, el Secretario de Prensa no tuvo acceso a información de primera mano sobre lo ocurrido, ni la posibilidad de dar la noticia de su muerte.
Se mantuvo como Secretario de Prensa de la Casa Blanca durante los cuatro primeros meses de la presidencia de Lyndon Johnson, hasta que renunció con la intención de preparar una carrera política propia. En agosto de 1964, tras el fallecimiento del Senador Clair Engle, de California, Salinger fue designado para cubrir su vacante. Se dispuso a intentar ser ratificado por los votantes en noviembre, pero perdió la elección frente al candidato republicano, el actor de cine George Murphy.
Campaign manager de Bobby Kennedy (1968)
Tras unos años trabajando como relaciones públicas en la empresa privada, Salinger fue campaign manager de la campaña presidencial de su amigo el Senador Robert Kennedy (1968). Tuvieron que organizar la campaña con poco tiempo y de forma casi improvisada tras la inesperada renuncia de Johnson a presentarse a la reelección, pero obtuvieron buenos resultados: destacando su triunfo en California, se hicieron con 396 delegados, menos que los 561 del Vicepresidente Hubert Humphrey, pero más que los 258 del Senador Eugene McCarthy.
Todo se vino abajo con el asesinato del candidato la noche del 5 de junio de 1968 en el Hotel Ambassador de Los Angeles. Aquella noche, el Senador Kennedy ganó las primarias de California y Dakota del Sur, y Salinger recibió una llamada del influyente Alcalde de Chicago, Richard Daley, en la que este le aseguraba que tras lo visto en California había decidido dar su apoyo a Kennedy. Estaban concretando apoyos importantes y decididos a plantear batalla por la nominación en la Convención.
Cuando el Senador Kennedy fue tiroteado en los pasillos interiores de la cocina del hotel, Salinger se encontraba a sólo 4 metros de distancia. Unos pocos días antes, durante la primaria de Oregon, Jim McManus, uno de los hombres que trabajaba en la logística de la campaña, le había dicho a Salinger, "bajo ninguna circunstancia debería Bobby pasar por esa cocina. Ya sabes que habitualmente suele haber grasa en el suelo. Se va a caer o algo." No le dieron demasiada importancia al consejo, al tratarse de un peligro menor, y a Salinger se le olvidó pasar el mensaje al candidato. Esa recomendación habría podido evitar el magnicidio.
Desolado por el asesinato de su amigo, Salinger se marchó a vivir a Francia.
Últimos años
En 1972 volvió a EEUU para colaborar como asesor de comunicaciones en la fallida campaña presidencial del Senador George McGovern. Apartado definitivamente de la política, en 1973 volvió al periodismo como redactor del periódico francés L'Express; en 1978 se convirtió en corresponsal jefe de la cadena de televisión ABC en París; y en 1983 pasó a ser corresponsal jefe de ABC en Europa. En 1981 recibió el George Polk Award in Journalism por dar la primicia de que el Gobierno de EEUU había negociado en secreto con Irán por la liberación de rehenes.
Retirado en 1993, levantó una gran polémica en 1996 al denunciar en público que la misteriosa explosión en pleno vuelo de un Jumbo de la compañía TWA había sido consecuencia de una maniobra balística con misiles disparados desde uno de los destructores Aegis de la Marina estadounidense. Años antes, en 1988, Salinger mantuvo que el estallido del avión de la PanAm en Lockerbie -de la que EEUU acusó a terroristas pagados por Libia- fue provocado por Siria e Irán, y que EEUU prefirió ocultar la verdad para no perjudicar los procesos de paz en Oriente Medio.
En los últimos años de su vida se instaló de forma definitiva en Francia, cumpliendo su promesa de que "si Bush gana las elecciones, voy a dejar el país y pasar el resto de mi vida en Francia." Murió en octubre de 2004 en Cavaillon, Francia, a los 79 años de edad. Está enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington.
Video: una de las declaraciones de Pierre Salinger desde la Casa Blanca durante la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962.
martes, 24 de marzo de 2009
Ted Joslin: Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1931-1933)

En la imagen: el Presidente Hoover (izquierda) y Ted Joslin, en 1932.
Theodore Goldsmith Joslin (28 de febrero, 1890 - 12 de abril, 1944) Periodista estadounidense. Fue Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1931-1933)
Periodista
Nació en Leominster, Massachusetts. Nada más terminar la educación secundaria, empezó a trabajar en las oficinas de Associated Press (AP) en Boston, Massachusetts, llegando a corresponsal. En 1913 se integró en el personal del periódico vespertino Boston Evening Transcript, en sus oficinas de Washington Street de Boston: en 1916 fue trasladado a las oficinas del Evening Transcript en Washington DC, y en 1924 nombrado corresponsal jefe del diario en la capital federal. Entre 1916 y 1931, trabajó también para el World's Week y otras revistas semanales.
Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1931-1933)
En marzo de 1931, Ted Joslin fue nombrado Secretario de Prensa del Presidente Herbert Hoover, en sustitución de George Akerson, para corregir el deterioro de la relación del Presidente con los cuerpos de prensa de Washington DC. Fue uno de los tres secretarios presidenciales que el Congreso le permitió tener a Hoover. A Joslin le gustaba que le llamaran "secretario de relaciones públicas."
Joslin sentía una fuerte admiración personal por Hoover, pero no tuvieron éxito sus intentos de mejorar la imagen del Presidente, fuertemente criticado por la prensa nacional y golpeado por el colapso de la economía naiconal y la Gran Depresión, y las masivas protestas de miles de ex combatientes y veteranos de la Primera Guerra Mundial en demanda del pago de los bonos que se les debían.
En 1932, dirigió las operaciones de comunicaciones en la campaña de reelección del Presidente Hoover. La campaña del 32 supuso un punto de inflexión en el terreno de la comunicación. Hoover pronunció más de un centenar de discursos electorales preparados por sus asesores, cantidad que excedía la costumbre de la época tratándose de un Presidente en funciones. Y la radio, presente en 12 millones de hogares estadounidenses, adquirió un nuevo protagonismo.
Joslin cesó en sus funciones como Secretario de Prensa en marzo de 1933, coincidiendo con la salida de Herbert Hoover de la Casa Blanca. En esos dos años de servicio al Presidente, escribió un diario que después publicaría con el título 'Hoover Off the Record'.
Últimos años
Tras abandonar la Casa Blanca, volvió a trabajar como periodista: escribió crónicas desde Washington DC para el empresario y filántropo Roger W. Babson (1933-1936), y sirvió como presidente del periódico The News-Journal de Wilmington, Delaware (1936-1939). En 1939, se convirtió en director de relaciones públicas de la empresa química DuPont Company, cargo que ocupó hasta que en 1944 murió de un ataque al corazón en su oficina.
martes, 10 de marzo de 2009
George Akerson: Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1929-1931)

En la imagen: George Akerson (izquierda) con el Presidente Herbert Hoover en la Rosaleda de la Casa Blanca, 1931.
George Edward Akerson (n. 5 de septiembre, 1889 – m. 21 de diciembre, 1937) Periodista estadounidense. Fue el primer Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1929-1931).
Primeros años
Nació en Minneapolis, Minnesota. Estudió Ciencia, Literatura y Arte en la Universidad de Minnesota. Completó sus estudios graduándose en Ciencias Políticas por la Universidad de Harvard. Pronto orientó su carrera profesional hacia el periodismo, ejerciendo durante años en el Minneapolis Tribune.
En 1925, siendo corresponsal del Tribune en Washington DC, fue contratado por el Secretario de Comercio Herbert Hoover como su secretario privado y manager político. Hoover tenía en mente airear en los medios sus deseos de suceder a Coolidge en la Presidencia en las elecciones del 28.
Akerson supo cómo colocar a sus colegas periodistas en términos receptivos, invitando a los directores de los grandes periódicos a reuniones privadas con Hoover. Utilizó las graves inundaciones del Mississippi en 1927, en las que el Secretario Hoover estuvo al frente de las operaciones federales de rehabilitación, para generar publicidad positiva sobre su jefe, y lanzarlo a la carrera presidencial.
Secretario de Prensa de la Casa Blanca (1929-1931)
En la década de los años 20, las conferencias de prensa habían emergido como una forma propia de comunicación de la oficina presidencial con los ciudadanos estadounidenses. El Presidente Warren Harding había contratado al redactor de discursos Judson Welliver en 1923, y había empezado a ofrecer dos ruedas de prensa semanales. Y el Presidente Calvin Coolidge había sido el primer mandatario en utilizar la radio para dirigirse mensualmente al público.
El Presidente Herbert Hoover, advertido sobre la importancia creciente de la comunicación de masas, decidió reservar la radio sólo para ocasiones especiales, como los discursos sobre el estado de la Unión, y crear el cargo de Secretario de Prensa para mantener informados a los cuerpos de prensa de los asuntos cotidianos. La decisión supuso una pequeña revolución en el organigrama del staff de la Casa Blanca: antes de 1929, todos los Presidentes salvo Abraham Lincoln, habían contado con un sólo asistente con rango de secretario, una especie de "super-administrador", entre cuyas funciones se incluía tratar con los reporteros.
Con Hoover, por primera vez, un sólo individuo fue asignado a esa concreta tarea: George Akerson, un hombre que ya había tenido las mismas responsabilidades con Hoover en el Departamento de Comercio. A Hoover le encantaba cultivar las relaciones con los medios, por lo que la creación del nuevo puesto generó grandes expectativas. Sin embargo, la experiencia fue negativa por los continuos desencuentros entre Akerson y Lawrence Richey, el secretario presidencial, por ver cual de los dos tomaba decisiones sobre el acceso de los periodistas al Presidente. Akerson se ganó las críticas de los reporteros, al no ver cumplidas sus expectativas, perdió la batalla interna con Richey, y decidió dimitir.
Últimos años
Tras abandonar la Casa Blanca, Akerson se trasladó a Nueva York, y aceptó un empleo en la Paramount-Publix Corp. por 30,000 dólares al año.
Murió a los 48 años a consecuencia de una enfermedad renal.
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